Suena el interfono: ¿Quién anda?
Soy yo, el Camarón, baja.
Soy yo y nos vemos en la peatonal bocabajo, está visitando de reojo el escaparate de la peluquería del Zacarías, qué hubo Camarón, hace un sol de muerte.
Mediodía: Princesa moviendo el cuerpo hacia la Plaza de los Ángeles a saltos por la calle Avinyó y cañas en el Ascensor, le damos palique a la Tania, la vieja rusa nos habla del gótico y de sus casas relucientes con quebraderos de cabeza y de humedad de sueño breve. Salir y el Camarón andando rápido me habla de Doria la fotógrafa genovesa y de cómo la conoció: le gustan las calles del gótico cuando caen los halos de luz solar y se cuelan por las ventanas. Viramos hacia el Raval y él me cuenta y como siempre lo hace lo del barrio chino y los invertidos y las putas y los delincuentes y las drogas que allí habitaban con el ser humano / Joaquín Costa y hemos entrado donde el Girasol, más cañas y jamón de pata blanca - como nos gusta llamarlo a los tres. La señora Herminia está de mal humor hoy por no sé qué de la humedad así que la dejamos con los albañiles y vamos a lo nuestro que son las muchachas. Derivamos para ver a las muchachas - una somalí / una cubana / una francesa que comparten piso en un cuarto en la calle del Carmen / estamos esparcidos por el aire del Raval, el antiguo barrio chino / sin los invertidos y las putas como siempre me corrige él y de la misma manera; a mí no me deja hablar apenas quizás por eso de que soy joven y además escritor, y es que quieres saberlo todo, me contesta.
Entramos al apartamento / cuento con las chicas que están las 3 por los suelos como de costumbre y nos ponen unos matusalén con un poco de música cubana, charlamos sin parar y de pronto suelta el Camarón: esta noche llega el trompetista Lee Morgan a la ciudad y hay que tratarle como se merece así que le hacemos un juramento / Se conocieron de cuando estuvieron viviendo en Madrid y con el cual tocó en dos ocasiones acullá en la casa de unos parientes cercanos. Las chicas están alisándose el pelo y estamos oliendo el ron desde la habitación contigua, y todo es un vaivén endiablado así que nos miramos a los ojos y no hacen falta más palabras, bajamos a la calle a por unas situaciones y nos llama Lee Morgan mientras suenan los motores: llego a eso de las 7. Coge un taxi en el aeropuerto y nos vemos en la calle del Carmen, Gabriela la cubana te dará la dirección por teléfono - por suerte Lee habla un poco de español así que no tienen problemas en entenderse. Volvemos a casa de éstas / en éstas estamos plantados en el suelo otra vez y las chicas encienden el ventilador del techo, es julio y hay mucha humedad, entonces los poros de nuestra piel reclaman un poco de oxígeno o en su defecto ron y suena el interfono, es Lee suelta Yahma la somalí, que suba. Yahma quien llegó a Barcelona después de múltiples peripecias con una visa de turista y muy poco dinero o más bien nada: ¡suba!
Lee llega vía Madrid y de Managua, increíble muchachos, dejé los trabajos de Nueva York para retirarme de la vida laboriosa, pero no he venido a tocar muchachos / Lee es uno de los más excelentes trompetistas de todos los tiempos y cuando se atranca con el español habla en portugués o francés. Gabriela abre otra botella de ron y empezamos a platicar, del barrio y del chino y de su actual transformación, la del barrio chino y la del Paralelo, de lo que fue en otros tiempos y de lo que es ahora. Huelga decir que aunque yo sea joven a mí me gusta el Raval como lo he conocido y me da igual si el barrio chino fue así o asá, pero el Camarón acecha con su mirada y yo me callo.
Nos acercamos a la noche y es necesario bajar a la calle, en el Robles se sorprenden de nuestra visita así que enseguida nos marchamos hacia otro lugar más que nada porque al Camarón no le gustan las preguntas de los desconocidos y se pone más tierno y tímido que nunca con esos ojos que se le van a salir contra todos. Nos colamos deprisa en Eldorado y cenamos allí sí y con la gente del bar que no nos reconoce y por lo tanto podemos charlar a nuestras anchas y empezamos con lo de siempre y la cena suena así y todo tiene el olor de las siluetas y dejamos que el tiempo de la noche escurra.
A la plaza Real en un tren azul sugiere el Camarón, nos vemos allí con las chicas. Ya estamos en la plaza y nos sentamos en la fuente de las fuentes, tomamos ron y al aire libre y enseguida Lee tiene ganas de tocar y sin pensarlo demasiado vamos al ático de Tomasa propongo, seguro que anda ella semidesnuda por el salón y abriendo botellas de vino y echándole el guante a cualquiera / Tras una ligera dramatización de lo singular aterrizamos en el lugar en cuestión: ah Tomasa, brasilera treintañera de dulces labios nos besa al milímetro y nos seduce y agasaja con sus manos, su forma de hablar pone en tensión a Lee: a la cola muchacho, le digo, y él me sonríe: no sea que tu mujer te pegue un tiro. De pronto estoy con Tomasa en el cuarto de baño y acabamos haciendo el amor en la bañera, Tomasa es duende tanto en el sexo como en sus últimas y múltiples pinturas, mira aquí estoy pintando hombres y animales, llámalo animalia o como prefieras, si quieres dale tú mismo nombre a mi obra, necesito a un joven escritor como tú para que me nombre, y me enseña un cuadro inmenso de 2 x 1 metros y me deja con el espíritu abierto y aprovecha para bajarme los pantalones y decirme que la nombre.
Salimos a la azotea y Lee Morgan está endiablado como un ángel rebelándose tocando trompeta y está tocando y ya no para y el Camarón se sienta junto a él y con Gonzalo, joven guitarrista de Mérida que acaba de llegar a la ciudad y empiezan a ejercitar la pieza “Detrás del tuyo se va” y transforman el circo de invierno en verano. Tiemblan las estelas cantan estrelladas en el azul oriental del negro, en olor a ritmos zambrianos tintos de la noche y entre el cielo y el suelo permanece la rueda roja en el centro.
Lee enciende los ritmos a pulso y el Camarón los canta a diamante. Susurro yo los versos que me sé muy mal de memoria e improviso cuando se hace el silencio cuando la guitarra de Gonzalo se cierra en sí misma y gotea el viento y el de los fotógrafos se enreda en el aire. Llega Alicia con su canto ardoroso y lleno de flores rojas y pañuelos de papiroflexia, Alicia es portuguesa, sobrina de Amália Rodrigues - natural de Beira Baixa quien no sólo controla a perfectos golpes de voz el fado y el flamenco sino que además se atormenta silenciosamente con los ritmos del jazz trompetero.
Sueña la calle a luz y nosotros nos hacemos por ella de improvisto en grupo y por ellos que son los humanos de la ciudad y estamos mirando al tibidabo y se siente ya la humedad de la mañana y el mar y sus bañistas así que comenzamos a despedirnos quedando para mañana que es hoy, así que nos vemos en un rato / en la mar bella, tráete la toalla y nos vemos allí dentro de 15 minutos.
V. de V.
I.
Somos hienas.
Somos caras que comen
caras, uñas sucias y sangre
en el sobaco.
La falta de memoria duele
debajo de la tierra,
después nosotros no buscamos
nada y acabamos siendo
hienas.
Estamos aquí y no importa.
II.
Son los pájaros verdes
los que arrancan de mi cuerpo,
pequeñas punzadas
sentimentales.
La tendencia de ponérmelos entre los dientes,
y después silbar.
Pequeños pasos en mi memoria
que se hacen verde.
De mi corazón y hasta el aire luminoso
donde puedo arroparme con su plumaje.
III.
Respirar oro.
Llevarte en el portaequipajes del corazón.
Es un viaje largo pero tengo ganas
de llegar antes de tiempo.
Se me pincha una rueda,
y puedo ver como tus ojos
han cogido un barco lleno
de equipaje cristalino.
Puedo ver como me hago de espuma.
Tus ojos son dos,
yo tengo más,
pero no ven tanto, ni tan lejos.
Tu desorden huele a perfume,
tu agenda es una montaña,
respirando siempre el oro,
que no es más que luz.
No cuento problemas,
los escupo con mucha educación.
IV.
Pelo caliente.
La tierra templada tiene
doloridos los pechos,
veo de color verde
y cientos de flores recordadas.
Desentierro una fruta roja
que es mi boca hambrienta.
Hay una niña muy bien peinada,
el sol le aprieta la boca,
ella se desmiga y echa a volar.
El físico del agua rejuvenecida,
su frialdad le da olor a planta.
Están las flores y las piedras
como manos redondeadas.
Está el pelo caliente
y los zumbidos subidos,
los árboles sexuales,
las miradas cerradas
y el sonido alto y saltarín.
En el cielo todas las cosas
se van cayendo.
V.
Nuestro amor tiene diminutas lamparitas,
que se encienden cada noche
y se apagan cada día.
Huyo del tiempo como si fuera una persona.
Le compro billetes a Moscú y le llevo a gatas
hasta el bordillo de mi calle para que los niños
le dejen jugar a pintar con tiza.
La magia y el honor de participar en esa tremenda tarea
convierte al tiempo en una paloma descuidada,
y yo me río. No puede ser.
Somos hienas.
Somos caras que comen
caras, uñas sucias y sangre
en el sobaco.
La falta de memoria duele
debajo de la tierra,
después nosotros no buscamos
nada y acabamos siendo
hienas.
Estamos aquí y no importa.
II.
Son los pájaros verdes
los que arrancan de mi cuerpo,
pequeñas punzadas
sentimentales.
La tendencia de ponérmelos entre los dientes,
y después silbar.
Pequeños pasos en mi memoria
que se hacen verde.
De mi corazón y hasta el aire luminoso
donde puedo arroparme con su plumaje.
III.
Respirar oro.
Llevarte en el portaequipajes del corazón.
Es un viaje largo pero tengo ganas
de llegar antes de tiempo.
Se me pincha una rueda,
y puedo ver como tus ojos
han cogido un barco lleno
de equipaje cristalino.
Puedo ver como me hago de espuma.
Tus ojos son dos,
yo tengo más,
pero no ven tanto, ni tan lejos.
Tu desorden huele a perfume,
tu agenda es una montaña,
respirando siempre el oro,
que no es más que luz.
No cuento problemas,
los escupo con mucha educación.
IV.
Pelo caliente.
La tierra templada tiene
doloridos los pechos,
veo de color verde
y cientos de flores recordadas.
Desentierro una fruta roja
que es mi boca hambrienta.
Hay una niña muy bien peinada,
el sol le aprieta la boca,
ella se desmiga y echa a volar.
El físico del agua rejuvenecida,
su frialdad le da olor a planta.
Están las flores y las piedras
como manos redondeadas.
Está el pelo caliente
y los zumbidos subidos,
los árboles sexuales,
las miradas cerradas
y el sonido alto y saltarín.
En el cielo todas las cosas
se van cayendo.
V.
Nuestro amor tiene diminutas lamparitas,
que se encienden cada noche
y se apagan cada día.
Huyo del tiempo como si fuera una persona.
Le compro billetes a Moscú y le llevo a gatas
hasta el bordillo de mi calle para que los niños
le dejen jugar a pintar con tiza.
La magia y el honor de participar en esa tremenda tarea
convierte al tiempo en una paloma descuidada,
y yo me río. No puede ser.
Si dios fuese drogadicto se llamaría William Seward Burroughs
a primera hora me he fumado los últimos restos del chino y durante un buen rato me he quedado absorto inerte dos inspiraciones por minuto mientras mi cuerpo absorbía la droga mientras la droga me absorbía en su abrazo letalmente conciliador pero el ciego se me ha pasado nunca dura y la consciencia se empeña en hacerme temblar de sudor frío me pongo un chándal una cazadora y me echo al bolsillo la cartera vacía de expectativas mi vida glosada en dos papeles y el hueco de la droga me cuelo en el metro e intento pedir limosna pero mi saliva es sólida terrosa y me impide hablar pensar con claridad me bajo en gran vía y camino arriba y abajo abajo y arriba cuando el mono me mima suelo caminar a un lado y a otro la droga dictando un errabundo deambular de pronto los intestinos despiertan con un grito agónico soltando mierda salida de no sé dónde porque no recuerdo cuándo comí por última vez así que me escabullo entre dos contenedores me agacho me bajo los pantalones y suelto un líquido verdoso que se supone que es mi mierda ya en pie sigo cagando por la boca en arcadas de desesperanza suspiros de bilis y coágulos y mocos ostia puta pero nadie me escucha los músculos se me agarran a los huesos en bocados exasperantes que me punzan el cuerpo con temblores asíncronos me agarro la polla cuando no te queda nada sólo te queda la polla y comienzo una lenta procesión el paseo del drogadicto sin ver sin oír sin hablar sólo un paso delante de otro y repetir hasta que chocas con alguien que cambia tu rumbo el estómago comienza a tomar consistencia y a alimentarse de mis desperdicios y de los demás órganos a comerme por dentro hasta convertirme en un estómago con patas y venas digiriendo mierda me paro a ver escaparates sin verlos sólo sentirme parado en medio del caminar drogado la gente pasa sin verme la droga te hace invisible camino parada pero el sudor y el temblor son muy acusados las ronchas empiezan a pedirme heroína y yo con estas venas sin dinero y sin ganas ni fuerzas para pedir o robar tengo que sentarme diviso un banco lecho de espinas me clavo con un ojo cerrado veo la tienda de libros mal género para vender la droga es autosuficiente omnisciente nadie adquiere cultura para vender droga pienso antes de cerrar el otro ojo que aun con todos esos libros en mi poder no sacaría ni para una puta bolsita una mancha un borrón se mueve ante lo que se suponen que son mis ojos me he debido de quedar frito mi cerebro maltrecho busca una neurona sana que esté dispuesta a enfocar parece una mujer una cara llena de arrugas que me dice algo abro y cierro los ojos con pereza que simula esfuerzo y enfermedad mi estómago escupe un oído tú eres Pedro el hijo de la Paqui la confusión me pone alerta y asoma el drogadicto depredador hace mucho tiempo que no veo a tu madre cómo está ella ella está bien yo soy el que ha empeorado de lo mío pero tú qué tenías no se lo había dicho no nunca me contó una palabra sería para no preocuparla la envuelvo en las mentiras que la sangre me dicta mi nombre es droga el suyo es dinero y qué es lo que te pasa tengo esa enfermedad que me estropea cada vez más me despierto en sitios a los que no recuerdo haber ido no puedo comer durante días y luego me muero de hambre y me salen ronchas le enseño alguna del brazo raquítico rico en azules y enfermedad ella calla y mira al suelo compungida lleva una bolsa de la tienda de libros y un bolso que mueve con dificultad lo imagino lleno de caballo luego deseo que sea dinero que la droga la pillaría llena de mierdas mi cuerpo huele a jaco futuro y posible despierta poco ya no sudo a poco y desde cuándo estás así llevo ya unos daños se me traba la lengua es una enfermedad muy rara pobrecico y lo que tiene que estar pasando la Paqui con lo que ella ha sufrido en la vida primero lo de su marido tu padre y ahora lo tuyo pero no quieres un café o un bocadillo me invento una fecha llevo tres días sin poder comer señora no sé si debo anda ya no me seas chiquillo no vas a pasar hambre estando aquí la Venancia me pongo de pie enfermo drogado henchido de posibilidades ella me aguanta el olor a mierda hace más creíble la mentira mi estómago segrega jugos que ya ni recuerdo y que me atacan y me encogen me pesan como una digestión camino apoyado en ella ella sigue hablando de mi madre y de lo putas que lo está pasando cuando llegamos a una cafetería me empuja al interior y me sienta cerca de la calle en un puto escaparate me duele todo pero sonrío mis labios saborean la droga y se estiran cortados perezosos de alegría ella sigue hablando tu madre y yo nos vinimos juntas a Madrid cuando nuestros maridos consiguieron trabajo fijo y luego nos fuimos distanciando yo tuve un hijo era tan guapo como tú pero un camión se lo llevó por delante y el andamio me dejó sin mi Pepe estoy sola y los días se me hacen años qué quieres tomar una cerveza dos cervezas y un bocadillo de jamón para él sí gracias la soledad te va matando en vida llega un momento en que sólo tienes a la televisión que casi nunca te dice lo que necesitas escuchar y una casa que te domina y tienes que salir sin tener a dónde ir y das vueltas por las tiendas y te gastas toda la pensión por eso acabas en las tiendas de todo a un euro porque allí el dinero te dura más gracias cuando ya no te queda nada que gastar me dice y no tienes para comer casi entonces piensas que tienes que recuperar el dinero que has ido perdiendo y te vas a las tragaperras y si aguantas el hambre y las varices puedes estar todo un día fuera sin pensar en tu soledad pero las venas se te hinchan y acabas teniéndote que sentar y la realidad te golpea la mujer sigue hablando con unos ojos que podrían ser míos de puro cansados yo sostengo el bocadillo en las manos y lo miro fijamente al final todo se reduce a esto no hay más le hinco el diente y me fabrico llagas en el paladar del tiempo que llevo sin comer la droga es ahora un mal recuerdo mi cuerpo va tomando consistencia y recuerda el sabor del jamón mis ojos se cierran y cuando se abren tengo otro vaso de cerveza delante de mí y la mujer sigue hablando le asoma un moco de la nariz comida y bebida hacen que mi cuerpo vuelva a rechinar de dolor y molestias me meo y me cago dos necesidades que desaparecen cuando sólo vives para la dosis pero ahora están ahí y me levanto digo voy al servicio señora guárdeme el bocadillo y olisqueo hasta encontrar el tigre me mojo la cara y agradezco la humedad limpia del agua intento ordenar mi pelo con los dedos para arreglar un poco mi aspecto pero la grasa no se deja dominar meo vuelvo a la mesa y la mujer se ha bebido mi cerveza y está casi borracha me cuenta cosas de su mala suerte de su hijo Alfonso me toca la cara sucia sigue diciendo se parecía tanto a ti así que ahora para combatir mi soledad leo vengo a la librería compro un libro al azar y me lo leo y si me ha gustado es mágico porque parece que ha estado ahí esperándome todo este tiempo oh qué tarde es me tengo que ir he quedado con una amiga camarero cóbrese mis ojos se clavan en los dos billetes de diez euros y en el de veinte con el que paga mi comida y su bebida cojo el bocadillo la acompaño señora por favor no te molestes no es molestia tienes dinero para volver a casa no no tengo nada toma y me da calderilla para el metro me voy a coger el autobús voy con usted la agarro del brazo que lleva el bolso y nos apoyamos mutuamente para conseguir un paso firme me dice cosas de mi madre en su juventud habla bajito y triste nos paramos en un paso de cebra y cuando el semáforo se pone verde la empujo agarro el bolso y salgo corriendo renqueante la bolsa con el libro se queda en el suelo pero es la carrera del drogadicto nadie te ve la oigo gritar y llorar a mi espalda mis costras me animan a seguir corriendo se me cae el bocadillo lo dejo atrás y acabo vomitando el jamón diez minutos más lejos recupero la respiración me siento en un portal y abro el bolso dentro hay dos fotos forradas en plástico de cocina una de un hombre vestido de domingo hace muchos años es una foto en blanco y negro y el hombre mira a la cámara con obediencia bovina la otra es en color de un joven vestido de militar con la misma cara que el padre eran todo lo que esa mujer tenía en la vida las aparto hasta encontrar el monedero lo abro y cojo los veinte euros y lo poco suelto que queda veo un carné de identidad y lo leo Venancia Sánchez Ruiz hija de Sinforoso y de Auxiliadora natural de Cáceres provincia de Cáceres nacida el veintiséis de marzo de mil novecientos treinta y siete lo meto en el bolso otra vez y lo dejo todo en el portal el dinero bien agarrado busco una boca de metro que me lleve hasta la dosis
Dentro
Los primeros pasos
Los primeros pasos,
uno delante y el otro apoyado fuerte detrás.
Delante, derecho,
estiramiento digital,
apoyo izquierdo.
El suelo me es hostil,
los subo de nuevo a la cama.
Volvemos a intentarlo,
no tiene que ser difícil.
La gente camina.
Pie derecho, bajo.
Suelo frío.
No tengo zapatos.
Me niego a apoyar el izquierdo.
No avanzo.
No estoy caminando.
No puedo mantener más esta incómoda posición.
Bajo o subo.
Llevo mucho tiempo aquí arriba,
sin poner los pies en el suelo,
sin recordar qué es,
pero se está tan bien, tan cómodo,
tan limpio, tan caliente.
Y si dicen que puedes viajar con la cabeza,
no necesito pues los pies.
Pero entonces para que los tengo?
Os estoy mirando par de palas inútiles.
No me servís para nada.
Aparte por la noche se me heláis de frío,
y tengo que frotaros el uno con el otro.
Me tenéis harto.
Para que me servís?
Si no os tuviera no sentiría la necesidad de utilizaros.
Pero aquí estáis.
Derecho suelo, bajo,
izquierdo arriba, como mal doblado.
Cabeza almohada y tronco en torsión.
Iré cerrando los ojos.
Este paso se tiene que meditar muy bien.
Es el primero.
Mañana veré que hago con las manos.
La palabra
Si pienso en mis momentos de éxtasis máximo, son recurriendo siempre y al final a la palabra.
No hay cosa que más me excite follando que el oír hablar al otro.
Después de una buena exposición sólo me permito dejar de pensar en ella, si mi acompañante realiza un merecido discurso sobre tal y es acertado. Entonces dejo y paro mi cuerpo a favor del momento en cualquier portal del camino.
Te querría
Te Querría follar ahora mismo,
Cogerte la boca con mis dedos, y apretar hasta que el rojo saliera de tu lengua,
Ponerme debajo de ti y verte los ojos,
Tú quieto y serio, yo moviendo el estómago.
Te querría follar, hasta que note tu sudor saliendo de mí,
Y hasta que vea que estás a punto del desmayo, y
Volverte a coger la cara y levantarte la mirada, y
Acariciarte, y acariciarte todo, lo que nuca me ha gustado,
Pues sí, contigo sí que lo haría.
Los primeros pasos,
uno delante y el otro apoyado fuerte detrás.
Delante, derecho,
estiramiento digital,
apoyo izquierdo.
El suelo me es hostil,
los subo de nuevo a la cama.
Volvemos a intentarlo,
no tiene que ser difícil.
La gente camina.
Pie derecho, bajo.
Suelo frío.
No tengo zapatos.
Me niego a apoyar el izquierdo.
No avanzo.
No estoy caminando.
No puedo mantener más esta incómoda posición.
Bajo o subo.
Llevo mucho tiempo aquí arriba,
sin poner los pies en el suelo,
sin recordar qué es,
pero se está tan bien, tan cómodo,
tan limpio, tan caliente.
Y si dicen que puedes viajar con la cabeza,
no necesito pues los pies.
Pero entonces para que los tengo?
Os estoy mirando par de palas inútiles.
No me servís para nada.
Aparte por la noche se me heláis de frío,
y tengo que frotaros el uno con el otro.
Me tenéis harto.
Para que me servís?
Si no os tuviera no sentiría la necesidad de utilizaros.
Pero aquí estáis.
Derecho suelo, bajo,
izquierdo arriba, como mal doblado.
Cabeza almohada y tronco en torsión.
Iré cerrando los ojos.
Este paso se tiene que meditar muy bien.
Es el primero.
Mañana veré que hago con las manos.
La palabra
Si pienso en mis momentos de éxtasis máximo, son recurriendo siempre y al final a la palabra.
No hay cosa que más me excite follando que el oír hablar al otro.
Después de una buena exposición sólo me permito dejar de pensar en ella, si mi acompañante realiza un merecido discurso sobre tal y es acertado. Entonces dejo y paro mi cuerpo a favor del momento en cualquier portal del camino.
Te querría
Te Querría follar ahora mismo,
Cogerte la boca con mis dedos, y apretar hasta que el rojo saliera de tu lengua,
Ponerme debajo de ti y verte los ojos,
Tú quieto y serio, yo moviendo el estómago.
Te querría follar, hasta que note tu sudor saliendo de mí,
Y hasta que vea que estás a punto del desmayo, y
Volverte a coger la cara y levantarte la mirada, y
Acariciarte, y acariciarte todo, lo que nuca me ha gustado,
Pues sí, contigo sí que lo haría.
Es hora de castigar a las empresas irresponsables
Cuando ganas, pierdes. Finalmente, los precios de los productos empiezan a bajar en diferentes partes del mundo, en medio de la consternación y los gritos de alarma de parte de usureros y especuladores, dados a crear dinero de la nada, y responsables de la debacle de la economía mundial. Según Jesucristo Superstar, conocido por su nombre de familia, Obama, la solución a la crisis es comprar. Así, a secas, salgan a comprar, ha dicho el gran Moisés que nos llevará a la tierra prometida de la paz y la felicidad. Triste propuesta, esa de reparar la máquina capitalista a punto de adquisiciones innecesarias, inútiles y aburridas, como un forro decorador del teléfono portátil o la nevera con llave USB. Tengo una contrapropuesta que los liberales van a a-do-rar: Compremos responsablemente y mandemos a la quiebra a las empresas que violan derechos laborales, intoxican al ambiente y contribuyen a la pauperización del mundo.
Así funciona la cosa: Yo, ejecutivo estrella de salario en cinco ceros, con postgrado en management of the merde en la Universidad de blablabla pajaloca de Estados Unidos o Europa, trazo lo que serán las ganancias anuales de la empresa. Hay que aumentar las ganancias, siempre, porque sí. Entonces, propongo un plan estratégico, hago proyecciones y tablitas de colores con las cuales la junta directiva podrá salivar ante lo mucho más millonarios que seremos todos.
Errare humanum est, el plan se va al agua entre los lamentos de la junta directiva. Este año, en vez de hacer ganancias de 200%, solamente aumentaremos el margen de beneficios en 50%. Qué drama, qué rap de la abuela, de qué dirán mis panas cuando me vean, pobre y miserable, en el Country Club.
La empresa tiene que reponerse de este golpe financiero. ¿Cómo? Fácil. Despidamos a los imbéciles de la fábrica ensambladora, de sueldo mínimo y reemplazables, para cortar costos. ¿Alguien despide al artífice intelectual de tal estrategia financiera? Por supuesto que no. En países como Francia, Presidentes de empresa que han llevado su organización a la quiebra, han sido recompensados con retiros multimillonarios. Un chequecito y una pata de jamón para llevar a casa, gracias por destruir la compañía y dejar a miles de obreros en la calle.
Nada nuevo bajo el sol en este sistema basado en la estafa y el engaño para hacer dinero. ¿Quieren más pruebas? ¿Qué tal el hecho de que las empresas rescatadas por el Estado americano con dinero de los impuestos (los famosos 700 billones que todos recordamos como un rescate a la Austin Powers), compensen a sus geniales dirigentes con bonos millonarios? No sólo se roban tu plata, sino que te dan un cachetón antes de irse.
Entonces, llegamos a mi punto: Jesucristo-Bob-Marley-Obama, "exhorta" a los norteamericanos a salir a comprar para ayudar a la economía. Porque si quiebra la fábrica de perritos virtuales Tamaguchi, oh my God, qué catástrofe. O la empresa que vende ringtones de Papi Yankee. O los zapatos que titilan cuando caminas. Salgamos todos, a salvar a estos emblemas de la idiotez capitalista mundial.
I don’t think so. Ahora es el momento que todos estábamos esperando, el momento cuando se volteó la mesa. Las empresas nos necesitan, más que nunca e, igual que en las elecciones cuando finalmente los candidatos escuchan a la gente, ahora tenemos el poder entre las manos. Las nuestras. Arranquemos afiches publicitarios de las paredes, hagamos caso solamente a lo que nos dé la gana.
No soy quién para lanzar boicots ni ponerme a pelear con multinacionales. Cada quién tendrá que escoger qué decide comprar y apoyar y qué no. Yo tengo una pequeña idea en mi cabecita. Porque si no nos ponemos a pensar cómo llegamos aquí, si nos ponemos a lo Obama a proponer reparar la rueda del carro sin preguntarnos qué va mal con el motor, solamente habremos pospuesto lo que significará la destrucción del sistema dentro de pocos años.
Es el momento de restablecer la relación producción-consumo que la globalización había dejado atrás con su crecimiento depredador. Si entendemos los costos reales de las cosas, si entendemos de dónde vienen, tal vez consumamos de manera un poco más consciente y veamos derrumbarse las odiosas corporaciones que sólo reparten su veneno y ponzoña de avaricia donde quiera que van.
* Vicente es autor de la novela Caracas cruzada, disponible en la red de librerías Sur de Caracas, Venezuela. Su última novela, Historias de un arrabal parisino fue publicada por Ediciones Idea y se consigue en las librerías de Tenerife, España.
Así funciona la cosa: Yo, ejecutivo estrella de salario en cinco ceros, con postgrado en management of the merde en la Universidad de blablabla pajaloca de Estados Unidos o Europa, trazo lo que serán las ganancias anuales de la empresa. Hay que aumentar las ganancias, siempre, porque sí. Entonces, propongo un plan estratégico, hago proyecciones y tablitas de colores con las cuales la junta directiva podrá salivar ante lo mucho más millonarios que seremos todos.
Errare humanum est, el plan se va al agua entre los lamentos de la junta directiva. Este año, en vez de hacer ganancias de 200%, solamente aumentaremos el margen de beneficios en 50%. Qué drama, qué rap de la abuela, de qué dirán mis panas cuando me vean, pobre y miserable, en el Country Club.
La empresa tiene que reponerse de este golpe financiero. ¿Cómo? Fácil. Despidamos a los imbéciles de la fábrica ensambladora, de sueldo mínimo y reemplazables, para cortar costos. ¿Alguien despide al artífice intelectual de tal estrategia financiera? Por supuesto que no. En países como Francia, Presidentes de empresa que han llevado su organización a la quiebra, han sido recompensados con retiros multimillonarios. Un chequecito y una pata de jamón para llevar a casa, gracias por destruir la compañía y dejar a miles de obreros en la calle.
Nada nuevo bajo el sol en este sistema basado en la estafa y el engaño para hacer dinero. ¿Quieren más pruebas? ¿Qué tal el hecho de que las empresas rescatadas por el Estado americano con dinero de los impuestos (los famosos 700 billones que todos recordamos como un rescate a la Austin Powers), compensen a sus geniales dirigentes con bonos millonarios? No sólo se roban tu plata, sino que te dan un cachetón antes de irse.
Entonces, llegamos a mi punto: Jesucristo-Bob-Marley-Obama, "exhorta" a los norteamericanos a salir a comprar para ayudar a la economía. Porque si quiebra la fábrica de perritos virtuales Tamaguchi, oh my God, qué catástrofe. O la empresa que vende ringtones de Papi Yankee. O los zapatos que titilan cuando caminas. Salgamos todos, a salvar a estos emblemas de la idiotez capitalista mundial.
I don’t think so. Ahora es el momento que todos estábamos esperando, el momento cuando se volteó la mesa. Las empresas nos necesitan, más que nunca e, igual que en las elecciones cuando finalmente los candidatos escuchan a la gente, ahora tenemos el poder entre las manos. Las nuestras. Arranquemos afiches publicitarios de las paredes, hagamos caso solamente a lo que nos dé la gana.
No soy quién para lanzar boicots ni ponerme a pelear con multinacionales. Cada quién tendrá que escoger qué decide comprar y apoyar y qué no. Yo tengo una pequeña idea en mi cabecita. Porque si no nos ponemos a pensar cómo llegamos aquí, si nos ponemos a lo Obama a proponer reparar la rueda del carro sin preguntarnos qué va mal con el motor, solamente habremos pospuesto lo que significará la destrucción del sistema dentro de pocos años.
Es el momento de restablecer la relación producción-consumo que la globalización había dejado atrás con su crecimiento depredador. Si entendemos los costos reales de las cosas, si entendemos de dónde vienen, tal vez consumamos de manera un poco más consciente y veamos derrumbarse las odiosas corporaciones que sólo reparten su veneno y ponzoña de avaricia donde quiera que van.
* Vicente es autor de la novela Caracas cruzada, disponible en la red de librerías Sur de Caracas, Venezuela. Su última novela, Historias de un arrabal parisino fue publicada por Ediciones Idea y se consigue en las librerías de Tenerife, España.
Soy vertical
Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con las raíces en el suelo
Absorbiendo minerales y amor maternal
Para que así cada marzo pueda resplandecer en una hoja,
Ni soy la belleza del lecho del jardín
Atrayendo mis ¡ahs! y espectacularmente pintada,
Sin saber que seré desflorada pronto.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
Y una corola no es alta, sino asustada,
Y quiero la longevidad de uno y el atrevimiento de la otra.
Esta noche, a la infinitesimal luz de las estrellas,
Los árboles y las flores han esparcido sus frescos olores.
Paseo entre ellos, pero ninguno de ellos lo nota.
A veces pienso en eso cuando estoy durmiendo
Debo lo más perfectamente posible parecerme a ellos --
Pensamientos que se han vuelto confusos.
Es más natural para mí, yacer.
Entonces el cielo y yo mantenemos una conversación abierta.
Seré útil al fin cuando me recueste:
Los árboles podrán tocarme por una vez y las flores tendrán tiempo para mí.
* Traducción de Laura Bloom (Nueva York - EEUU)
No soy un árbol con las raíces en el suelo
Absorbiendo minerales y amor maternal
Para que así cada marzo pueda resplandecer en una hoja,
Ni soy la belleza del lecho del jardín
Atrayendo mis ¡ahs! y espectacularmente pintada,
Sin saber que seré desflorada pronto.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
Y una corola no es alta, sino asustada,
Y quiero la longevidad de uno y el atrevimiento de la otra.
Esta noche, a la infinitesimal luz de las estrellas,
Los árboles y las flores han esparcido sus frescos olores.
Paseo entre ellos, pero ninguno de ellos lo nota.
A veces pienso en eso cuando estoy durmiendo
Debo lo más perfectamente posible parecerme a ellos --
Pensamientos que se han vuelto confusos.
Es más natural para mí, yacer.
Entonces el cielo y yo mantenemos una conversación abierta.
Seré útil al fin cuando me recueste:
Los árboles podrán tocarme por una vez y las flores tendrán tiempo para mí.
* Traducción de Laura Bloom (Nueva York - EEUU)
Música Viva
Pasaba noches enteras escuchando sus notas clavarse como espinas en mi corazón. Sintiendo la tristeza de sus tonadas. Entendiendo que se puede morir de tristeza.
Dicen del pianista que tiene una historia triste. Dicen que su mujer le solía acompañar con el violín. Dicen que en una sonata ella se entristeció tanto por la melancolía de las notas de su pianista, que murió al terminar los últimos acordes y cayó fulminada sobre el escenario. Dicen que la mujer del pianista murió de tristeza.
Desde entonces, el pianista jamás da la cara a su público. Toca en este oscuro bar de espaldas al auditorio y todos lo escuchan atentos. También dicen que nunca se levanta de su silla hasta que el salón está vacío.
Quería hablar con ese hombre. Necesitaba comunicarle mi situación. Necesitaba su ayuda. Quería que ella sintiera la tristeza que yo sentía. Quería que si yo moría de amor, ella viniera conmigo. Debía conseguir que ese hombre nos matase a los dos como mató a su mujer.
Al terminar el concierto me acerqué a él, la sala ya estaba vacía. Él seguía tocando notas suaves y tristes. Lo tenía tan cerca que sentía su olor amargo. Le dije al oído mis necesidades y mis planes. El pianista, sin dejar de teclear, tan sólo asintió con la cabeza.
Yo: ¡hola!
Ella: hola.
Yo: necesito verte.
Ella: ¿qué quieres?
Yo: hay un concierto de piano esta noche y me gustaría que me acompañaras.
Ella: sabes que me encanta el piano.
Yo: lo sé.
Ella: ¿estás bien?
Yo: tal vez luego estaré mejor.
Ella: iré. Un poco de piano me puede ayudar.
Yo: lo hará, seguro.
Llegamos al bar, nos acomodamos en una mesa cercana a mi cómplice. La música sonaba y la oscuridad nos engullía. El pianista sacó su repertorio más doliente y nuestras lágrimas comenzaron a gotear sobre la mesa. Los acordes pasaban y mi corazón se comprimía. No pronunciábamos ni una palabra, sólo nos mirábamos y veíamos nuestras penas brotarnos por los ojos. Escuchábamos y nos mirábamos. Fueron varias horas de escuchar la tristeza traducida en música. Los dolores de amor eran tan fuertes que mi cuerpo empezó a sufrir. Ella parecía cada vez más blanca, su piel perdió el rubor. Su respiración comenzó a desfallecer y de un momento a otro su cuerpo cayó sobre la mesa. Su corazón se había detenido, pero el mío seguía latiendo. Yo no había sucumbido pero ella sí. Yo no la quería acompañar en ese viaje. Yo quería que ella me acompañara en el mío.
Dicen del pianista que tiene una historia triste. Dicen que su mujer le solía acompañar con el violín. Dicen que en una sonata ella se entristeció tanto por la melancolía de las notas de su pianista, que murió al terminar los últimos acordes y cayó fulminada sobre el escenario. Dicen que la mujer del pianista murió de tristeza.
Desde entonces, el pianista jamás da la cara a su público. Toca en este oscuro bar de espaldas al auditorio y todos lo escuchan atentos. También dicen que nunca se levanta de su silla hasta que el salón está vacío.
Quería hablar con ese hombre. Necesitaba comunicarle mi situación. Necesitaba su ayuda. Quería que ella sintiera la tristeza que yo sentía. Quería que si yo moría de amor, ella viniera conmigo. Debía conseguir que ese hombre nos matase a los dos como mató a su mujer.
Al terminar el concierto me acerqué a él, la sala ya estaba vacía. Él seguía tocando notas suaves y tristes. Lo tenía tan cerca que sentía su olor amargo. Le dije al oído mis necesidades y mis planes. El pianista, sin dejar de teclear, tan sólo asintió con la cabeza.
Yo: ¡hola!
Ella: hola.
Yo: necesito verte.
Ella: ¿qué quieres?
Yo: hay un concierto de piano esta noche y me gustaría que me acompañaras.
Ella: sabes que me encanta el piano.
Yo: lo sé.
Ella: ¿estás bien?
Yo: tal vez luego estaré mejor.
Ella: iré. Un poco de piano me puede ayudar.
Yo: lo hará, seguro.
Llegamos al bar, nos acomodamos en una mesa cercana a mi cómplice. La música sonaba y la oscuridad nos engullía. El pianista sacó su repertorio más doliente y nuestras lágrimas comenzaron a gotear sobre la mesa. Los acordes pasaban y mi corazón se comprimía. No pronunciábamos ni una palabra, sólo nos mirábamos y veíamos nuestras penas brotarnos por los ojos. Escuchábamos y nos mirábamos. Fueron varias horas de escuchar la tristeza traducida en música. Los dolores de amor eran tan fuertes que mi cuerpo empezó a sufrir. Ella parecía cada vez más blanca, su piel perdió el rubor. Su respiración comenzó a desfallecer y de un momento a otro su cuerpo cayó sobre la mesa. Su corazón se había detenido, pero el mío seguía latiendo. Yo no había sucumbido pero ella sí. Yo no la quería acompañar en ese viaje. Yo quería que ella me acompañara en el mío.
Sin título
Vacía grande bajo el pecho
el deseo. Muerde, las pupilas muerden
y desescaman la piel dulce de los senos.
Arrecian rubíes en los labios que al abrir resisten.
Cuajan zafiros en las sombras de los gozosos suspiros.
Ah del aliento que se abre
en bocanada hasta oquedad,
ah del alegre albor del encuentro
en los altos abismos de la carne.
De la lengua prístino el ungüento
sobre la memoria negra de una sangre
que ya ahora llena los umbrales de tu cuerpo
de los huecos de misterios rebosante.
Tensan los arcos asustados ojos,
los dedos tiran de los claros hilos
de tu cuerpo atado; hilo del muslo
hasta aún no hallado centro,
hilos que vibran de la mano
que ha de llevarlos al cabello:
mansamente mano en hilos reposando
para otra mano enculebrada
que ciñe recio la piel
del tambor y el pergamino.
Y hiendo los signos de tu cuerpo
envuelto en las nieblas densas de la rítmica
ilusión de encontrarse en el ámbito suspendido
donde el tú da al ser afirmación ardiente.
el deseo. Muerde, las pupilas muerden
y desescaman la piel dulce de los senos.
Arrecian rubíes en los labios que al abrir resisten.
Cuajan zafiros en las sombras de los gozosos suspiros.
Ah del aliento que se abre
en bocanada hasta oquedad,
ah del alegre albor del encuentro
en los altos abismos de la carne.
De la lengua prístino el ungüento
sobre la memoria negra de una sangre
que ya ahora llena los umbrales de tu cuerpo
de los huecos de misterios rebosante.
Tensan los arcos asustados ojos,
los dedos tiran de los claros hilos
de tu cuerpo atado; hilo del muslo
hasta aún no hallado centro,
hilos que vibran de la mano
que ha de llevarlos al cabello:
mansamente mano en hilos reposando
para otra mano enculebrada
que ciñe recio la piel
del tambor y el pergamino.
Y hiendo los signos de tu cuerpo
envuelto en las nieblas densas de la rítmica
ilusión de encontrarse en el ámbito suspendido
donde el tú da al ser afirmación ardiente.
Una de Toro
A veces, me levanto demasiado temprano. Me pilló aquel sábado-sabadete en Madrid: Riqui y Lea habían salido la noche anterior con dos canadienses muy guapas y seguían roncando-roncando.
Tuve que escaparme.
Hacía frío en la calle. Hacia las seis y media de la mañana y a finales de noviembre, las ciudades no son como las pintan. Son extrañas, un paseo fantasmal, seco, sin transeúntes casi; eso sí, te encuentras a todos los vagamundos durmiendo con la pata tiesa, el reparto del diario a los quioscos es digno de ver, lo otro no, ¿me indica dónde está malasaña?, no lo sé, me contestó un quiosquero joven, ¿y la latina?, me parece que es por ahí pero no estoy muy seguro.
Vi algunos bares abiertos: churros, beicon con huevos fritos, bocadillos de calamares, patatas fritas. Entré a uno que estaba en muy buena situación desde el punto de vista literario, es decir, estaba en una esquina que daba a cinco calles y desde las ventanas antiguas de madera se podía ver el ruido de fuera. Fui a la barra a ver qué ofrecían.
A ver, qué te pongo (el camarero). ¿Qué tienes caliente? (yo). Lomo o beicon.
Y… ¿no tienes toro?
¡Lomo o beicon, es que no me has oído?
Me hizo pensar dos veces. Los cuatro que había en el bar acodados a la barra y tomando café o coñac tenían sus miradas ya puestas en mí. Ponme un lomo con queso – y en ese momento reparé en la ensaladilla rusa que había en las neveras de la barra - y ponme también un poco de esa ensaladilla. El camarero me fulminó con la mirada y se puso con la faena.
Me senté a la mesa que creí que era la mejor desde el punto de vista literario, y como quería mirar a través de la ventana, tuve que darles la espalda a la gente del bar. ¿Qué quieres de beber? (oí). Me giré y me levanté: una cerveza. ¿Con hielo? No, por favor. Este por favor debió de sonarles muy mal, porque el camarero y los cuatro me fulminaron de nuevo con sus miradas. Me volví y me senté de nuevo para continuar mirando a través de los cristales de la ventana, y a los nueve segundos o así, una voz gritó: ¡la cerveza sin hielo! Me levanté y fui hacia la barra a por el refresco. Al minuto o así y mientras me ponía un poco más cómodo en la silla, gritó de nuevo la misma voz: ¡la ensaladilla! Y me levanté a por la ensaladilla.
Empecé a comer apresuradamente, pues tenía hambre, y empecé a notar en el paladar el sabor de la mayonesa, los huevos cocidos, las patatas cocidas, el atún, los guisantes, el pimiento, el queso rallado y las olivas rellenas de lata. Al rato, cuando estaba pegándole un largo trago a la cerveza, que en ese momento ya estaba lo fría que yo deseaba, oí detrás de mí: ¡el bocadillo de lomo con queso!
Me estaban jodiendo el desayuno, y como tenía bastante hambre, empecé a sulfurarme. Al cabo de unos dos minutos o así y sin que me hubiera movido del sitio, otra vez chilló el camarero: ¡el bocadillo de lomo con queso! ¡Chaval!
Al estar de espaldas a los cuatro del bar y el camarero, oí cuchicheos y máquinas tragaperras sonando. No me levanté, seguí con la ensaladilla rusa y la terminé. Pegué otro largo sorbo al refresco-fresco.
Estando ensimismado, de pronto oí la voz de una mujer más bien joven: ¡psssttt, guapetón, EL BOCADILLO!
– Pero no me giré; hice como si nada. Seguía mirando las calles y el despertar de la luz de la mañana y la poca gente que a esa hora iba de un lado para otro. Tenía hambre, esperaba ansioso el bocadillo que no acababa de caer en mi mesa. Me hundí en mis pensamientos, en la literatura, cogí el libro que estaba leyendo por esos días y lo miré con gusto, la sabiduría de las brujas, de John Giorno.
¡NIÑO, el bocadillo, que se te está enfriando el PUTO LOMO!
Al final, me tuve que levantar. Vi a la chica de los gritos. Me miró a los ojos, de frente, iba a decir algo pero no lo hice - me dio miedo - cogí el plato del lomo con queso y me lo llevé a la mesa. Di la espalda a los del bar otra vez. Comí como un niño, ahora lentamente, el lomo estaba templado, pero el queso de oveja estaba caliente y sabroso. Al terminarlo decidí si tomar café o no. Me levanté y fui a pagar. Los del bar, que ya eran siete, se me quedaron mirando de arriba abajo y se les notaba disgustados. Vino la chica a la barra, dime qué te debo, se fue para la máquina registradora, volvió, doce cincuenta. Me lo pensé dos veces otra vez, pero ya no podía salir corriendo. Toma, le pasé un billete de cincuenta.
Acababa de entrar un viejo de aspecto muy sucio, con la barba y las manos negras, pero con muy buen humor me dio los buenos días. Volvió la chica de los gritos, me devolvió el cambio, dame el tique. Me clavó la mirada y noté el dolor en su cara, la angustia, las deudas, noté a su madre y a su padre en la mirada, su infancia, su adolescencia, su matrimonio joven y fracasado. Miré el tique, la cuenta estaba bien hecha y los importes eran los correctos. Me despedí del hombre sucio y viejo que acababa de entrar. Me pidió un cigarrillo, se lo di.
Salí del bar, crucé la calle y ya estaba en la latina. Lo supe. Tenía que ser la latina. Lo era, pues pasé delante del teatro del barrio y me quedé un rato mirándolo: Teatro de la Latina. Las calles y las plazas estaban vacías. Viejitas dándose besos y los buenos días. Sol, mucho sol.
Di con la calle del toro, azarosamente, y subí las escaleras - tomé apuntes. La belleza matutina del barrio cosió con saliva mi alma. Seguí paseando, debían ser sobre las nueve o las diez, cogí la calle de Segovia y salí de allí.
Estaba dejando atrás el barrio - el bar - la gente - el bocadillo - la calle del toro.
Tuve que escaparme.
Hacía frío en la calle. Hacia las seis y media de la mañana y a finales de noviembre, las ciudades no son como las pintan. Son extrañas, un paseo fantasmal, seco, sin transeúntes casi; eso sí, te encuentras a todos los vagamundos durmiendo con la pata tiesa, el reparto del diario a los quioscos es digno de ver, lo otro no, ¿me indica dónde está malasaña?, no lo sé, me contestó un quiosquero joven, ¿y la latina?, me parece que es por ahí pero no estoy muy seguro.
Vi algunos bares abiertos: churros, beicon con huevos fritos, bocadillos de calamares, patatas fritas. Entré a uno que estaba en muy buena situación desde el punto de vista literario, es decir, estaba en una esquina que daba a cinco calles y desde las ventanas antiguas de madera se podía ver el ruido de fuera. Fui a la barra a ver qué ofrecían.
A ver, qué te pongo (el camarero). ¿Qué tienes caliente? (yo). Lomo o beicon.
Y… ¿no tienes toro?
¡Lomo o beicon, es que no me has oído?
Me hizo pensar dos veces. Los cuatro que había en el bar acodados a la barra y tomando café o coñac tenían sus miradas ya puestas en mí. Ponme un lomo con queso – y en ese momento reparé en la ensaladilla rusa que había en las neveras de la barra - y ponme también un poco de esa ensaladilla. El camarero me fulminó con la mirada y se puso con la faena.
Me senté a la mesa que creí que era la mejor desde el punto de vista literario, y como quería mirar a través de la ventana, tuve que darles la espalda a la gente del bar. ¿Qué quieres de beber? (oí). Me giré y me levanté: una cerveza. ¿Con hielo? No, por favor. Este por favor debió de sonarles muy mal, porque el camarero y los cuatro me fulminaron de nuevo con sus miradas. Me volví y me senté de nuevo para continuar mirando a través de los cristales de la ventana, y a los nueve segundos o así, una voz gritó: ¡la cerveza sin hielo! Me levanté y fui hacia la barra a por el refresco. Al minuto o así y mientras me ponía un poco más cómodo en la silla, gritó de nuevo la misma voz: ¡la ensaladilla! Y me levanté a por la ensaladilla.
Empecé a comer apresuradamente, pues tenía hambre, y empecé a notar en el paladar el sabor de la mayonesa, los huevos cocidos, las patatas cocidas, el atún, los guisantes, el pimiento, el queso rallado y las olivas rellenas de lata. Al rato, cuando estaba pegándole un largo trago a la cerveza, que en ese momento ya estaba lo fría que yo deseaba, oí detrás de mí: ¡el bocadillo de lomo con queso!
Me estaban jodiendo el desayuno, y como tenía bastante hambre, empecé a sulfurarme. Al cabo de unos dos minutos o así y sin que me hubiera movido del sitio, otra vez chilló el camarero: ¡el bocadillo de lomo con queso! ¡Chaval!
Al estar de espaldas a los cuatro del bar y el camarero, oí cuchicheos y máquinas tragaperras sonando. No me levanté, seguí con la ensaladilla rusa y la terminé. Pegué otro largo sorbo al refresco-fresco.
Estando ensimismado, de pronto oí la voz de una mujer más bien joven: ¡psssttt, guapetón, EL BOCADILLO!
– Pero no me giré; hice como si nada. Seguía mirando las calles y el despertar de la luz de la mañana y la poca gente que a esa hora iba de un lado para otro. Tenía hambre, esperaba ansioso el bocadillo que no acababa de caer en mi mesa. Me hundí en mis pensamientos, en la literatura, cogí el libro que estaba leyendo por esos días y lo miré con gusto, la sabiduría de las brujas, de John Giorno.
¡NIÑO, el bocadillo, que se te está enfriando el PUTO LOMO!
Al final, me tuve que levantar. Vi a la chica de los gritos. Me miró a los ojos, de frente, iba a decir algo pero no lo hice - me dio miedo - cogí el plato del lomo con queso y me lo llevé a la mesa. Di la espalda a los del bar otra vez. Comí como un niño, ahora lentamente, el lomo estaba templado, pero el queso de oveja estaba caliente y sabroso. Al terminarlo decidí si tomar café o no. Me levanté y fui a pagar. Los del bar, que ya eran siete, se me quedaron mirando de arriba abajo y se les notaba disgustados. Vino la chica a la barra, dime qué te debo, se fue para la máquina registradora, volvió, doce cincuenta. Me lo pensé dos veces otra vez, pero ya no podía salir corriendo. Toma, le pasé un billete de cincuenta.
Acababa de entrar un viejo de aspecto muy sucio, con la barba y las manos negras, pero con muy buen humor me dio los buenos días. Volvió la chica de los gritos, me devolvió el cambio, dame el tique. Me clavó la mirada y noté el dolor en su cara, la angustia, las deudas, noté a su madre y a su padre en la mirada, su infancia, su adolescencia, su matrimonio joven y fracasado. Miré el tique, la cuenta estaba bien hecha y los importes eran los correctos. Me despedí del hombre sucio y viejo que acababa de entrar. Me pidió un cigarrillo, se lo di.
Salí del bar, crucé la calle y ya estaba en la latina. Lo supe. Tenía que ser la latina. Lo era, pues pasé delante del teatro del barrio y me quedé un rato mirándolo: Teatro de la Latina. Las calles y las plazas estaban vacías. Viejitas dándose besos y los buenos días. Sol, mucho sol.
Di con la calle del toro, azarosamente, y subí las escaleras - tomé apuntes. La belleza matutina del barrio cosió con saliva mi alma. Seguí paseando, debían ser sobre las nueve o las diez, cogí la calle de Segovia y salí de allí.
Estaba dejando atrás el barrio - el bar - la gente - el bocadillo - la calle del toro.
Edito
Número 2 / Septiembre 2008
A petición de numerosos lectores, se ha cambiado el fondo negro por el blanco, para así castigar menos la vista.
Y tenemos dominio propio: www.toreteo.com
A petición de numerosos lectores, se ha cambiado el fondo negro por el blanco, para así castigar menos la vista.
Y tenemos dominio propio: www.toreteo.com
En Pie de Guerra
Only after the last tree
has been cut down,
only after the last river
has been poisoned,
only after the last fish
has been caught,
only then,
will you find that
money cannot be eaten
has been cut down,
only after the last river
has been poisoned,
only after the last fish
has been caught,
only then,
will you find that
money cannot be eaten
*Cree Indian Prophecy
De rodillas hincado
Tú pide,
sí…
se te acabará dando.
Tú busca,
insiste…
tal vez encuentres:
conócete a ti mismo hasta tus más rojas entrañas.
Pero hazlo como un impecable guerrero
en perfecto estado de guerra total.
Igualito que un sabio y ancestral ciprés
te hincas profundamente en el suelo a dos rodillas.
No te seques,
sé paciente…
nubarrones bien cargados de oro macizo
amenazan tormenta.
Pero aguanta,
tranquilo,
no saborees todavía la miel del horizonte
que se anuncia bien sabrosa.
Primero clava tus ojos al piso
hasta escrutar con fiereza las sagradas semillas
del núcleo mismo de la Tierra,
así,
a rostro encendido y corazón desbocado:
de un maravilloso momento a otro
el oro del cielo se arrancará a llover
mojándote hasta en el último gesto
de tu postura de noble mendigo
que pide y que busca.
Y tu espera ha llegado a su fin,
el castigado suelo de loto se abre de par en par
cuando el sin techo no se derrumba
ante el más austero perfume de la vida…
y se enciende la noche
como la fresca cara de una niña pequeña:
tu anhelo y tu hambre han sido saciados:
acaba pues tan solemne espectáculo
y tú recoges tu sombra
y te echas de nuevo a andar.
No me llaméis poeta
No,
no me llaméis poeta…
mejor me recordáis como vagabundo o mendigo:
ese será mi más exacto retrato.
No es de mi pluma,
es de mi austero carcaj de sin techo y sin rumbo
de donde llueven certeros todos esos chorros de flechas
que hacen sus blancos en las más rojas dianas.
No,
no me llaméis poeta porque no es cierto…
mejor nombradme alimaña o bichejo,
pues mi hábitat natural son madrigueras y cuevas…
sólo que cada vez que salgo afuera,
¡ay!,
cada vez que salgo afuera necesito soltar
todo este bramido para no enterrarme en redondo
por lo menos mil siglos.
Llamadme esparto, loco, caído o espejo…
pero poeta no:
llamad poeta al poeta,
al rapsoda,
al egocéntrico,
al lírico…
pero no a mí,
a mí simplemente ofrecedme un plato
de comida caliente:
ese será vuestro más logrado piropo.
No,
no me llaméis poeta…
escribid la poesía vosotros:
ofrecedle su pan al hambriento,
dadle al cansado un baño caliente y sábanas limpias,
dejadme que yo os llame poetas:
ese sí que será el poema-tesoro
más tremendo que poeta alguno jamás haya escrito.
El Chamán Desertor
Sé que vuestros corazones brillan de verde puro
cuando me acusáis de ser un chamán,
y sin embargo…
sabed que llevo miles de años comiendo cieno a puñaos.
Me señaláis con el dedo con crudo propósito
y me buscáis como al fértil limo
en donde vuestra alegría podrá florecer,
pero sabed…
yo también puedo ser ese ejército de pulgas rabiosas
que machaca con inocencia la piel.
Cuando escucho que soy el duro tronco que firme
se mantuvo en pie entre hachazos de rayos…
yo me contemplo por dentro y me llega olor a tiniebla.
No,
no me llaméis compasivo o piadoso…
pronunciad mi triste figura como si fuese barro.
¡Claro que os puedo regalar una flor por todos
y cada uno de los amaneceres que oséis respirar,
acercar hasta vosotros un aguacero
de inmaculadas luciérnagas!,
y sin embargo…
en mis plantas se enroscan lascivas culebras
asfixiando con saña cada verde tallo de otoño.
De mí reclamáis las palabras…
y vuestro deseo respeto,
pero yo ya sólo puedo graznar a roja voz,
vomitar en las hojas mis crudas penas de plata.
En las altas ramas de la tarde no me hallaréis,
buscadme debajo...
entre hambrientos mendigos sin afeitar
jugando en cada minuto a estrangularse con dulzura.
Me pedís ser los labios obscenos
que nunca se habrán de besar,
hacedlo…
pues en vuestro derecho estáis
y yo lo aceptaré con alegre tristeza;
pero os anticipo que mi agua de toro os puede abraxar,
así,
cuando chorree toda esa incontenible cascada
de besos callados.
Me rogáis el tacto que como puño os cure la piel,
la caricia que os colme la sed;
si queréis mi mano para encontraros…
¡tomadla!,
a mí todavía me queda la otra:
con ella me voy a inventar a viva flor…
¡¡Ay…pero y a mí,
quién me hará regresar al útero de la Tierra
con hermoso estruendo de árbol caído,
quién me amamantará con leche tibia de madre!!
Decidme…
¿alguien conoce el pecho en donde se ocultan
los pezones azules de las calientes auroras…
y mi fresca Primavera,
llegará algún día como un oportuno mazazo de besos
o mi espera sólo será de cansadas hojas caducas?
Estados Preparatorios
VII
Instaurar
por el Teatro de la crueldad
el verbo
vibratorio
sistemático
y metódico.
I
El cuerpo es el cuerpo
y está solo
y no necesita órganos,
el cuerpo no es jamás un organismo
los organismos son los enemigos del cuerpo,
las cosas que lo han hecho
suceden ellas solas
sin el examen de ningún órgano,
todo órgano es un parásito
recubre una función parasitaria
destinada a hacer vivir un ser
que no debería estar allí.
Los órganos han sido hechos para dar de comer
a los seres,
aunque éstos hayan sido condenados en su principio
y aunque no tengan ninguna razón para existir.
-
*Traducción de José Luis Trejo (Ciudad del Carmen - México)
Instaurar
por el Teatro de la crueldad
el verbo
vibratorio
sistemático
y metódico.
I
El cuerpo es el cuerpo
y está solo
y no necesita órganos,
el cuerpo no es jamás un organismo
los organismos son los enemigos del cuerpo,
las cosas que lo han hecho
suceden ellas solas
sin el examen de ningún órgano,
todo órgano es un parásito
recubre una función parasitaria
destinada a hacer vivir un ser
que no debería estar allí.
Los órganos han sido hechos para dar de comer
a los seres,
aunque éstos hayan sido condenados en su principio
y aunque no tengan ninguna razón para existir.
-
*Traducción de José Luis Trejo (Ciudad del Carmen - México)
¡Dios mío, perdóname!
Hace siete años yo meditaba con un gurú. Pasando una cortina de cuentas se entraba en una sala oscura donde practicábamos el Hatha yoga. Luego, cerrábamos los ojos y hacíamos "ommmm". El mantra sagrado. Después de varios meses de meditar con el maestro, he aquí que una noche me encontraba en el asiento trasero de un taxi, en mitad de dos amigos. El chofer conducía como un forajido en el torrente de la autopista. Las aspas del limpia parabrisas despejaban un horizonte de luces blancas y rojas y pinos agitados por el viento. Una ambulancia pasó cortando el tráfico y nosotros aceleramos tras ella. Nuestro taxi se me figuraba un Boeing 767 sobrevolando la ciudad. (Al cerrar los ojos, vi un avión acercándose vertiginosamente a un rascacielos. El destello de la explosión se abría en la oscuridad de la cabina como el flash de una foto y nosotros hacíamos nuestra última mueca de horror). ¡Ah! -grité espantado. ¿A éste qué le pasa? -preguntó el taxista- ¿Está drogado? No, soy un santo, un clarividente. ¿Adónde van? Íbamos a una fiesta.
-Esta noche no voy a beber -les dije.
-No se va a poner con esas.
-Sólo un brindis.
-No insistan, no voy a beber.
Dos horas más tarde, estaba completamente borracho, diciendo estupideces y besando a dos mujeres. (Hay testigos). Lo cual no impide que el lunes siguiente estuviera otra vez en la casa del gurú. Me senté en la posición de loto, la pierna derecha sobre la izquierda, las manos sobre las rodillas, concentrado, viendo a través de los párpados cerrados la claridad de Dios que irradiaba amor y sabiduría sobre mi espíritu. Pero, sin saber por qué, el sábado siguiente me emborraché en una discoteca. Rompí una lámpara. Terminé durmiendo en el piso como un perro. Una amiga me vio y me ayudó a levantar. Mientras bajaba las escaleras vomité el tapete rojo. Los gorilas me querían pegar pero ella paró un taxi y me llevó a casa. (Gracias). El lunes volví donde el maestro. Pierna adelante, pierna atrás, el cuerpo arqueado, los pulmones bien abiertos, el culo contraído, inspiración, exhalación. Hatha yoga. El sábado siguiente, decidí cocinar para unos amigos pero me pasé de copas y me fui a la cama a dormir. Cuando me desperté, al otro día, la comida estaba carbonizada. Me dolían los pies porque llevaba 24 horas con los zapatos puestos. Eso me hizo entrar en razón. Al fin, dejé de renegar del catolicismo y me dediqué a beber como Dios manda, es decir, como un monje medieval hundiendo la cabeza en el tonel del vino sagrado. No más espiritualidad pagana. Sólo borracheras.
Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Ahora frecuento un templo budista. Me siento frente a un monje de movimientos suaves y mirada benigna, que envuelve su flaquísima desnudez en una túnica amarilla y escarlata. Cierro los ojos y veo a Buda bendiciéndome. Un rayo blanco en la frente, uno rojo en la garganta, uno azul en el vientre. Veo un Buda dorado flotando en el espacio infinito, con la mano izquierda levantada. Me sonríe. Respiro y entra el amor y la compasión en mi ser. Exhalo y sale la rabia y el odio bajo la forma de un humo negro. No cabe ninguna forma de ironía en esto. Es completamente en serio. Pero los fines de semana siempre termino bebiendo. Envuelto en unas borracheras monumentales con todo y rubias coquetas, botellas rotas y tipos que me quieren pegar. Pero nunca me pasa nada porque Dios guía mis pasos. Dios me lleva a bares y a fiestas porque quiere que vuelva al catolicismo. Que coma pan y vino en vez de estar venerando estatuas doradas. Entonces, me acodo en la barra para no caerme y llamo al camarero: "¿Qué va a beber?"- me pregunta. ¿Le puedo confiar un secreto? -digo yo. "¿Qué va a beber?"-dice él. Una cerveza. "Aquí tiene". ¿Le puedo decir un secreto? "Bueno, ¿qué?" Ahora tengo dos novias. "No es el único". Pero éstas son distintas: una es asiática y la otra es judía. "¿Y cuál le gusta más?". Las dos. "Tenga, la casa invita". ¡Salud! "¡Amén!" El camarero, con la cabeza pelada y una cruz atada al cuello, parece un ex sacerdote. Yo me confieso en lenguaje figurado y él me absuelve con tragos gratis.
Las iglesias podrían ser remplazadas por bares malolientes y casi no se notaría la diferencia. En el fondo yo soy católico, es decir, borracho, pero ya tuve suficiente de curas, misas y catecismos como para echar a perder tres vidas. Por eso, he decidido pasar a lo esencial: Dios y el vino. ¿Cómo me podré librar, Dios mío, de esta culpabilidad enfermiza que esos monstruos me inocularon en la más tierna infancia? El catolicismo aporta la enfermedad y la cura: bebiendo. ¡Qué agradable se siente estar borracho! En un primer momento, la bebida aligera la culpa pero luego la multiplica La consciencia es un hoyo sin fondo ni solución.
Así es que me voy a mi casa a buscar redención por otros lados. Beso la estatua de Buda en los labios y me siento a meditar. De repente, es como si los dos hemisferios de mi cerebro lucharan por el control de mi mente, con variaciones de un segundo entre uno y otro, que se representan en colores azul y rojo. Mi cabeza es una ambulancia a punta de estallar. Miles de imágenes y recuerdos. Un cardumen. Un león. Un cachalote. El ojo de un cachalote. Un bosque. El mar. Las copas de los árboles. El viento. Peces abisales. Arena. El desierto. Huellas de camellos entre briznas de yerba. Una mujer. Osos atrapando salmones. Olor a caballos galopantes. Sudor y calor. Perros ladrando en una calle de los suburbios. Guepardos persiguiendo gacelas. El bum bum de una estampida de elefantes. El cuerno de un rinoceronte enhebrando el viento. Una tormenta. La electricidad rugiendo. El siglo XX en marcha y humeando. Bombas y cañones. Muertos. Muertos. Muertos. Un bebé. Toda la historia muy rápido. Una cabeza de tiranosaurio mirando por encima del tiempo, que se expande y se contrae. La respiración como metáfora del movimiento del cosmos. Blanco. Silencio.
Muros para Inmigrantes
La tierra se ha vuelto un lugar algo inhóspito. Aparecen por doquier claves de exclusión, a usted no le queremos aquí, pues nuestra riqueza y nuestro bienestar no es para compartir. La solución a la cual se han volcado nuestros dirigentes más capacitados es, lamentablemente, la opción más obvia e infantil: erigir muros más o menos desde el trópico de Cáncer hacia abajo.
Para épocas barbáricas, soluciones romanas. El credo del capitalismo parece rezar: Si les hemos dado la oportunidad de desarrollarse y no lo han hecho, es hora de protegernos del flagelo invasor de la inmigración. Aparecen muros, proyectos de muro y muros camuflados; un pasaporte con código de barras, una huella digital, un policía en el aeropuerto que detiene a todo aquél que parezca salido del casting de María llena eres de gracia.
En ese sentido, los muros visuales los conocemos todos: La franja de Gaza y el proyecto de muro entre México y los U.S. of North A., son los más famosos. Pero los muros verdaderamente peligrosos no son visuales sino mentales.
I.-
El muro visual bien es sabido detiene solamente al coyote torpe e incapaz. La reflexión es obvia: Si hay un muro es por algo, y siempre y cuando haya muro habrá gente capaz de atravesarlo. Crecerán las palas a medida que crezcan los muros. Construiremos balsas más rápidas. Nos llevará más tiempo. Aprenderemos a ser pacientes.
El concurso de idiotez empezó cuando alguien, ante la pregunta, ¿cómo detenemos la inmigración? Respondió con la lógica de alumno de primaria, “construyamos un muro”. Pues muros, siempre hemos tenido, en esta humanidad sin ideas. Basta pasearse por Berlín para ver no sólo lo grande que puede llegar a ser un muro en cuanto a estupidez humana, sino también la colección de pequeñas placas insignificantes a sus costados que susurran “aquí murió abatido por el ejército intentando escapar…”. O el pobre infeliz que intentó cruzar el Rin cerca del Reichstag, y murió en tierra de nadie de un balazo, a solamente diez meses del final de la guerra fría.
Sin embargo, los muros visuales no son sino el reflejo de los muros mentales. El muro visual se derrumba, el muro mental se reprime. Creer que se puede combatir un muro mental destruyendo un muro visual equivale a creer que se acaba con las malas condiciones carcelarias de un país al derrumbar una cárcel (el ejemplo venezolano es insigne en esta materia).
El muro mental tiene varias causas. La causa principal es un diagnóstico psicológico conocido tradicionalmente como “psicosis”, la incapacidad de evaluar la realidad, de constatar lo que existe y lo que es ficticio. En fin, de ver y no reconocer absolutamente nada.
Cuando el partido de extrema derecha franquista se reunió en las Puertas del Sol en Madrid para lanzar insultos en contra de los inmigrantes que limpian las calles, mantienen los servicios y trabajan de noche en la capital ibérica, lo único que se vio fue un muro mental. El muro visual ya está proyectado para construirse entre España y Marruecos, la “puerta” por la cual se colean los esperanzados inmigrantes venidos de los estados magrebinos del norte del África. Pero la ignorancia no tiene límites, y aglomera proto-fascistas en una plaza para construir muros mentales también.
Muro mental es el que aparece cuando el gobierno de los U.S.A. se empecina en sostener, no sólo en contra de toda evidencia sino también en contra de los testimonios de altos oficiales del ejército norteamericano, que la situación en Irak está “bajo control” y que la gente “está agradecida” por la labor del “ejército de liberación”. Deberían aumentarle la dosis de Prozac al Tío Sam, a ver si se despierta a la realidad.
Lamentablemente, por más que la administración Bush invoque sesiones de hipnosis colectiva para alienar a todo el pueblo norteamericano, la realidad jamás podrá ser contenida por muros mentales. En un estudio publicado hace unos años en Francia, la reportera Anne Nivat reveló una serie de entrevistas intituladas “Islámicos: cómo nos ven”, donde aparecen datos “increíbles” solamente para la gente escondida detrás de su muro mental. Según el estudio, para los iraquíes su “liberación” se ha reducido al caos total y la inseguridad permanente. Los civiles son las victimas más numerosas, y las humillaciones pan nuestro de cada día. Según los entrevistados islámicos de Pakistán y Afganistán, los Estados Unidos de Norteamérica no dudan al romper todos sus principios e ideales para conseguir satisfacer sus intereses. Dicen percibir a los U.S. of N.A. como patrocinantes de dictaduras sangrientas a través del mundo, como mentirosos a propósito de la guerra de Irak y como cínicos al hablar del escándalo de Abu Ghraib*. Concluya usted: ¿De qué lado está el muro mental? ¿Del lado Iraquí, o del lado Norteamericano?
El muro mental se afianza cuando se escucha a alguien explicar que se masacra a la gente porque se les quiere liberar. Pero la queja puede extenderse. Veamos esta cita: “A nivel político, se nos prescriben sistemas que no nos convienen en nombre de la famosa globalización. Se nos imponen los puntos de vista de la Unión Europea, del Banco Mundial, del FMI. A nivel cultural y social, se nos imponen comportamientos de vestimenta, musicales y culinarios”. Bien podría ser un discurso de Evo Morales o de Hugo Chávez, ¿no? El muro mental se extiende más allá de los océanos. Esa declaración la dio un profesor pakistaní a propósito del rol de los U.S. of N.A. en el Medio Oriente.
II.-
Pero el muro mental más visible –y el que más asusta a la gente- es el que existe ante un peligro migratorio del trópico hacia el norte. Esos islámicos barbudos que caminan diez pasos más adelante de sus mujeres cubiertas de pie a cabeza. La mirada sospechosa, el miedo y la desaprobación, son el muro mental más frecuente.
Y en esto de los muros ninguna nación detenta el monopolio de los mejores ladrillos o bloques de construcción. Países tan desarrollados como Francia, con una harta tradición de reflexión y comprensión del otro (“autrui” como le llaman los franceses cultos) han sido protagonistas de la erección de muros infranqueables del tipo “son una escoria” cuando los suburbios parisinos escupieron bilis y mostraron sus dientes hace unos años. Ya no hace falta proyectar un muro entre París y sus famosas banlieue o suburbios. El muro ya existe, mental o visual, ¿cuál es la diferencia?
Nuestras sociedades se desangran lentamente, mientras el sufrimiento nos conduce a aceptar las injusticias más grandes, en aras de evitar el cuestionamiento moral. El muro existe, está ahí, cuando finalmente se construye es simplemente porque queremos evitar ver la realidad de esta muralla y hacernos preguntas embarazosas sobre la desigualdad.
Por mi casa en Caracas, Venezuela, la realidad del muro mental siempre existió. Sin embargo, hace casi una década, una asociación de vecinos decidió construir un muro para “protegernos” del barrio que colinda, como en cualquier ciudad de Latinoamérica, con las urbanizaciones más aburguesadas. El muro no era, como muchos creen, para evitar el paso de la gente del barrio. Bien hemos dicho que el que quiera pasar, pasará, tarde o temprano. Pocos años más tarde entendí la función materializadora del muro, manifestación del muro mental.
-…la gente del barrio –comenté con un vecino, señalando al muro y suponiendo que él entendería el señalamiento de mi dedo. Pero él sólo miró el muro.
-¿Qué barrio? –me preguntó inocentemente.
III.-
El mundo perfecto, nuestro mundo perfecto no es más que una proyección del muro mental: Un mundo sin mexicanos, sin palestinos, sin iraquíes poniendo bombas. Pues la igualdad de nuestro sistema significa que nosotros, los de abajo, los incivilizados, tenemos la posibilidad de igualarnos a ellos. Así lo dejó entrever el francés Nicolás Sarkozy en sus últimas declaraciones: “El que no ame a la Francia, pues que se vaya”. Muro mental según el cual amar a la Francia es estar de este lado del muro (del lado de Sarkozy, claro está), sin derecho a chistar.
Pues mientras más se expande Europa y se integra corriendo sus fronteras, más crecen los muros mentales. Hoy en día la inmigración no es sólo la única culpable de la cada vez peor economía europea, sino que también es la causa de la “pérdida de valores” (entendido como pérdida del chauvinismo), en estas naciones. Todo esto enmarcado en la realidad: En Francia, la tasa de inmigrantes actual es de 5% de la población. Hace diez años era de 5% también. Es más, la inmigración en Francia está alrededor del 5% desde hace 20 años. La paranoia electoral de los partidos demagógicos dados a discutir el tema de la inmigración tiene como único objetivo hacer vibrar las dendritas de la población víctima de un psico-terrorismo publicitario y noticioso. Al final, todo se equilibra, todo se iguala y todo se repudia con igual fervor: La otredad, la diferencia, lo incomprensible. Hace unos años, según los medios de información, todos íbamos a morir intoxicados por el virus de la vaca loca. Luego, todos caminábamos viendo el cielo, convencido de que pereceríamos aplastados por aviones pilotados por islámicos. Poco tiempo después, no quedaba la menor duda de que los tsunamis acabarían con nuestras ciudades. Y hoy en día, todas las mañanas aparece en la televisión un mapa con una flecha que indica por dónde va el virus de la gripe aviar, o el ántrax, o el terrorista chino o árabe de moda, o cuántas cosas más. Por supuesto que cada día está más cerca. La contra-realidad a este muro mental es el hecho de que, hasta el sol de hoy, en Francia al menos, la única víctima de la gripe aviar fue… Un gato. Evidentemente, la sociedad protectora de animales se las vio negras para combatir el abandono de gatos, ya que por doquier empezaron a aparecer ciudadanos alienados por el muro mental, que largaban su mascota a la calle.
La lucha de nuestra generación –si es que queremos que venga otra después de nosotros-, está en derribar estos muros: Muros para inmigrantes, muros para detener la paranoia, muros del terror, que hacen el juego de los políticos menos capacitados pero más gritones. La otra posibilidad es seguir como estamos, en un mundo que cambia de colores en cada noticiero:
“Hoy: Plan antiterrorista nivel naranja. Contaminación grado tres. Cantidad de ciudadanos muertos por ataques-bomba en el mundo: catorce. Distancia al tsunami más cercano: mil kilómetros. Fíese de las palomas, que en Indonesia se ha registrado un caso de gripe aviar en este animal”.
Esto significa perpetuar el muro, lobotomizar a la población, construyendo paredes entre sus lóbulos, entre las etnias, entre sus ideas.
Para salir del bucle infernal de violencia y de la guerra sin fin contra “el terrorismo” sostenida en un racismo latente, nuestra única opción es retomar el diálogo. Y para ello debemos romper los muros y sobreponernos a los estereotipos. De lado y lado. La otra opción es seguir aislándonos, hasta terminar cada quien con su muralla particular, un feudo del alma y del espíritu. Todavía estamos a tiempo de derribar los muros, tanto visuales como mentales.
Para épocas barbáricas, soluciones romanas. El credo del capitalismo parece rezar: Si les hemos dado la oportunidad de desarrollarse y no lo han hecho, es hora de protegernos del flagelo invasor de la inmigración. Aparecen muros, proyectos de muro y muros camuflados; un pasaporte con código de barras, una huella digital, un policía en el aeropuerto que detiene a todo aquél que parezca salido del casting de María llena eres de gracia.
En ese sentido, los muros visuales los conocemos todos: La franja de Gaza y el proyecto de muro entre México y los U.S. of North A., son los más famosos. Pero los muros verdaderamente peligrosos no son visuales sino mentales.
I.-
El muro visual bien es sabido detiene solamente al coyote torpe e incapaz. La reflexión es obvia: Si hay un muro es por algo, y siempre y cuando haya muro habrá gente capaz de atravesarlo. Crecerán las palas a medida que crezcan los muros. Construiremos balsas más rápidas. Nos llevará más tiempo. Aprenderemos a ser pacientes.
El concurso de idiotez empezó cuando alguien, ante la pregunta, ¿cómo detenemos la inmigración? Respondió con la lógica de alumno de primaria, “construyamos un muro”. Pues muros, siempre hemos tenido, en esta humanidad sin ideas. Basta pasearse por Berlín para ver no sólo lo grande que puede llegar a ser un muro en cuanto a estupidez humana, sino también la colección de pequeñas placas insignificantes a sus costados que susurran “aquí murió abatido por el ejército intentando escapar…”. O el pobre infeliz que intentó cruzar el Rin cerca del Reichstag, y murió en tierra de nadie de un balazo, a solamente diez meses del final de la guerra fría.
Sin embargo, los muros visuales no son sino el reflejo de los muros mentales. El muro visual se derrumba, el muro mental se reprime. Creer que se puede combatir un muro mental destruyendo un muro visual equivale a creer que se acaba con las malas condiciones carcelarias de un país al derrumbar una cárcel (el ejemplo venezolano es insigne en esta materia).
El muro mental tiene varias causas. La causa principal es un diagnóstico psicológico conocido tradicionalmente como “psicosis”, la incapacidad de evaluar la realidad, de constatar lo que existe y lo que es ficticio. En fin, de ver y no reconocer absolutamente nada.
Cuando el partido de extrema derecha franquista se reunió en las Puertas del Sol en Madrid para lanzar insultos en contra de los inmigrantes que limpian las calles, mantienen los servicios y trabajan de noche en la capital ibérica, lo único que se vio fue un muro mental. El muro visual ya está proyectado para construirse entre España y Marruecos, la “puerta” por la cual se colean los esperanzados inmigrantes venidos de los estados magrebinos del norte del África. Pero la ignorancia no tiene límites, y aglomera proto-fascistas en una plaza para construir muros mentales también.
Muro mental es el que aparece cuando el gobierno de los U.S.A. se empecina en sostener, no sólo en contra de toda evidencia sino también en contra de los testimonios de altos oficiales del ejército norteamericano, que la situación en Irak está “bajo control” y que la gente “está agradecida” por la labor del “ejército de liberación”. Deberían aumentarle la dosis de Prozac al Tío Sam, a ver si se despierta a la realidad.
Lamentablemente, por más que la administración Bush invoque sesiones de hipnosis colectiva para alienar a todo el pueblo norteamericano, la realidad jamás podrá ser contenida por muros mentales. En un estudio publicado hace unos años en Francia, la reportera Anne Nivat reveló una serie de entrevistas intituladas “Islámicos: cómo nos ven”, donde aparecen datos “increíbles” solamente para la gente escondida detrás de su muro mental. Según el estudio, para los iraquíes su “liberación” se ha reducido al caos total y la inseguridad permanente. Los civiles son las victimas más numerosas, y las humillaciones pan nuestro de cada día. Según los entrevistados islámicos de Pakistán y Afganistán, los Estados Unidos de Norteamérica no dudan al romper todos sus principios e ideales para conseguir satisfacer sus intereses. Dicen percibir a los U.S. of N.A. como patrocinantes de dictaduras sangrientas a través del mundo, como mentirosos a propósito de la guerra de Irak y como cínicos al hablar del escándalo de Abu Ghraib*. Concluya usted: ¿De qué lado está el muro mental? ¿Del lado Iraquí, o del lado Norteamericano?
El muro mental se afianza cuando se escucha a alguien explicar que se masacra a la gente porque se les quiere liberar. Pero la queja puede extenderse. Veamos esta cita: “A nivel político, se nos prescriben sistemas que no nos convienen en nombre de la famosa globalización. Se nos imponen los puntos de vista de la Unión Europea, del Banco Mundial, del FMI. A nivel cultural y social, se nos imponen comportamientos de vestimenta, musicales y culinarios”. Bien podría ser un discurso de Evo Morales o de Hugo Chávez, ¿no? El muro mental se extiende más allá de los océanos. Esa declaración la dio un profesor pakistaní a propósito del rol de los U.S. of N.A. en el Medio Oriente.
II.-
Pero el muro mental más visible –y el que más asusta a la gente- es el que existe ante un peligro migratorio del trópico hacia el norte. Esos islámicos barbudos que caminan diez pasos más adelante de sus mujeres cubiertas de pie a cabeza. La mirada sospechosa, el miedo y la desaprobación, son el muro mental más frecuente.
Y en esto de los muros ninguna nación detenta el monopolio de los mejores ladrillos o bloques de construcción. Países tan desarrollados como Francia, con una harta tradición de reflexión y comprensión del otro (“autrui” como le llaman los franceses cultos) han sido protagonistas de la erección de muros infranqueables del tipo “son una escoria” cuando los suburbios parisinos escupieron bilis y mostraron sus dientes hace unos años. Ya no hace falta proyectar un muro entre París y sus famosas banlieue o suburbios. El muro ya existe, mental o visual, ¿cuál es la diferencia?
Nuestras sociedades se desangran lentamente, mientras el sufrimiento nos conduce a aceptar las injusticias más grandes, en aras de evitar el cuestionamiento moral. El muro existe, está ahí, cuando finalmente se construye es simplemente porque queremos evitar ver la realidad de esta muralla y hacernos preguntas embarazosas sobre la desigualdad.
Por mi casa en Caracas, Venezuela, la realidad del muro mental siempre existió. Sin embargo, hace casi una década, una asociación de vecinos decidió construir un muro para “protegernos” del barrio que colinda, como en cualquier ciudad de Latinoamérica, con las urbanizaciones más aburguesadas. El muro no era, como muchos creen, para evitar el paso de la gente del barrio. Bien hemos dicho que el que quiera pasar, pasará, tarde o temprano. Pocos años más tarde entendí la función materializadora del muro, manifestación del muro mental.
-…la gente del barrio –comenté con un vecino, señalando al muro y suponiendo que él entendería el señalamiento de mi dedo. Pero él sólo miró el muro.
-¿Qué barrio? –me preguntó inocentemente.
III.-
El mundo perfecto, nuestro mundo perfecto no es más que una proyección del muro mental: Un mundo sin mexicanos, sin palestinos, sin iraquíes poniendo bombas. Pues la igualdad de nuestro sistema significa que nosotros, los de abajo, los incivilizados, tenemos la posibilidad de igualarnos a ellos. Así lo dejó entrever el francés Nicolás Sarkozy en sus últimas declaraciones: “El que no ame a la Francia, pues que se vaya”. Muro mental según el cual amar a la Francia es estar de este lado del muro (del lado de Sarkozy, claro está), sin derecho a chistar.
Pues mientras más se expande Europa y se integra corriendo sus fronteras, más crecen los muros mentales. Hoy en día la inmigración no es sólo la única culpable de la cada vez peor economía europea, sino que también es la causa de la “pérdida de valores” (entendido como pérdida del chauvinismo), en estas naciones. Todo esto enmarcado en la realidad: En Francia, la tasa de inmigrantes actual es de 5% de la población. Hace diez años era de 5% también. Es más, la inmigración en Francia está alrededor del 5% desde hace 20 años. La paranoia electoral de los partidos demagógicos dados a discutir el tema de la inmigración tiene como único objetivo hacer vibrar las dendritas de la población víctima de un psico-terrorismo publicitario y noticioso. Al final, todo se equilibra, todo se iguala y todo se repudia con igual fervor: La otredad, la diferencia, lo incomprensible. Hace unos años, según los medios de información, todos íbamos a morir intoxicados por el virus de la vaca loca. Luego, todos caminábamos viendo el cielo, convencido de que pereceríamos aplastados por aviones pilotados por islámicos. Poco tiempo después, no quedaba la menor duda de que los tsunamis acabarían con nuestras ciudades. Y hoy en día, todas las mañanas aparece en la televisión un mapa con una flecha que indica por dónde va el virus de la gripe aviar, o el ántrax, o el terrorista chino o árabe de moda, o cuántas cosas más. Por supuesto que cada día está más cerca. La contra-realidad a este muro mental es el hecho de que, hasta el sol de hoy, en Francia al menos, la única víctima de la gripe aviar fue… Un gato. Evidentemente, la sociedad protectora de animales se las vio negras para combatir el abandono de gatos, ya que por doquier empezaron a aparecer ciudadanos alienados por el muro mental, que largaban su mascota a la calle.
La lucha de nuestra generación –si es que queremos que venga otra después de nosotros-, está en derribar estos muros: Muros para inmigrantes, muros para detener la paranoia, muros del terror, que hacen el juego de los políticos menos capacitados pero más gritones. La otra posibilidad es seguir como estamos, en un mundo que cambia de colores en cada noticiero:
“Hoy: Plan antiterrorista nivel naranja. Contaminación grado tres. Cantidad de ciudadanos muertos por ataques-bomba en el mundo: catorce. Distancia al tsunami más cercano: mil kilómetros. Fíese de las palomas, que en Indonesia se ha registrado un caso de gripe aviar en este animal”.
Esto significa perpetuar el muro, lobotomizar a la población, construyendo paredes entre sus lóbulos, entre las etnias, entre sus ideas.
Para salir del bucle infernal de violencia y de la guerra sin fin contra “el terrorismo” sostenida en un racismo latente, nuestra única opción es retomar el diálogo. Y para ello debemos romper los muros y sobreponernos a los estereotipos. De lado y lado. La otra opción es seguir aislándonos, hasta terminar cada quien con su muralla particular, un feudo del alma y del espíritu. Todavía estamos a tiempo de derribar los muros, tanto visuales como mentales.
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*Vicente es autor de la novela Caracas cruzada, disponible en la red de librerías Sur de Caracas, Venezuela. Su última novela, Historias de un arrabal parisino fue publicada por Ediciones Idea y se consigue en las librerías de Tenerife, España.
La otra Casamance
Este artículo pretende, por un lado, reflejar la actual situación económica e histórica de la Casamance, región situada al sur de Senegal entre Gambia y Guinea Bissau, y, por otro lado, desmentir los grandes mitos que pesan sobre esta zona. Si fuera verdaderamente una población violenta y una zona peligrosa para el viajero, las decenas de culturas que allí habitan no estarían conviviendo pacíficamente.
Entonces, ¿qué ocurre en La Casamance? Un breve repaso histórico nos permitirá descubrir porqué nació el Movimiento de las Fuerzas Democráticas de la Casamance (MFDC) hace ya más de 20 años, y cuál ha sido su trayectoria, para dar a conocer la situación actual de reivindicación de un colectivo de élite de intelectuales que piden el diálogo y la unidad para llegar a conseguir la paz y la reconciliación con el gobierno de Dakar.
No podemos negar que durante 24 años la vía de las armas ha sido utilizada para luchar contra el olvido que ha sufrido esta provincia por parte del gobierno de Dakar. Pero ahora el Movimiento Democrático de la Casamance pide la explotación de la vía de la palabra.
Esta situación política ha influido negativamente en la visión de la comunidad internacional sobre la Casamance, que actualmente sigue estigmatizada. Por este motivo, pretendemos presentar a toda la comunidad y a los propios senegaleses las potencialidades que ofrece esta exuberante zona de Senegal.
Este artículo se centra en presentar las diferentes opciones turísticas que ofrece actualmente la Casamance, principalmente un turismo monopolizado por las grandes operadoras internacionales y de terceros, y la posibilidad de hacer emerger un turismo rural, que a su vez, potencie el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la pesca.
Los medios necesarios para desarrollar un mercado turístico en la Casamance de calidad empiezan por la implicación del gobierno en la formación profesional de los jóvenes senegaleses, la renovación de medios de producción agraria, y la inversión en la creación de nuevas infraestructuras de comunicación entre el norte y el sur de Senegal (fluvial, aéreo y terrestre, ente otras).
Nuestra intención es mostrar esta posibilidad de simbiosis a la población senegalesa para ayudar a recuperar la esperanza perdida, causa fundamental de la creciente emigración en masa de jóvenes senegaleses, y así descubrir las potencialidades de desarrollo de sus gentes y su país.
Entonces, ¿qué ocurre en La Casamance? Un breve repaso histórico nos permitirá descubrir porqué nació el Movimiento de las Fuerzas Democráticas de la Casamance (MFDC) hace ya más de 20 años, y cuál ha sido su trayectoria, para dar a conocer la situación actual de reivindicación de un colectivo de élite de intelectuales que piden el diálogo y la unidad para llegar a conseguir la paz y la reconciliación con el gobierno de Dakar.
No podemos negar que durante 24 años la vía de las armas ha sido utilizada para luchar contra el olvido que ha sufrido esta provincia por parte del gobierno de Dakar. Pero ahora el Movimiento Democrático de la Casamance pide la explotación de la vía de la palabra.
Esta situación política ha influido negativamente en la visión de la comunidad internacional sobre la Casamance, que actualmente sigue estigmatizada. Por este motivo, pretendemos presentar a toda la comunidad y a los propios senegaleses las potencialidades que ofrece esta exuberante zona de Senegal.
Este artículo se centra en presentar las diferentes opciones turísticas que ofrece actualmente la Casamance, principalmente un turismo monopolizado por las grandes operadoras internacionales y de terceros, y la posibilidad de hacer emerger un turismo rural, que a su vez, potencie el desarrollo de la agricultura, la ganadería y la pesca.
Los medios necesarios para desarrollar un mercado turístico en la Casamance de calidad empiezan por la implicación del gobierno en la formación profesional de los jóvenes senegaleses, la renovación de medios de producción agraria, y la inversión en la creación de nuevas infraestructuras de comunicación entre el norte y el sur de Senegal (fluvial, aéreo y terrestre, ente otras).
Nuestra intención es mostrar esta posibilidad de simbiosis a la población senegalesa para ayudar a recuperar la esperanza perdida, causa fundamental de la creciente emigración en masa de jóvenes senegaleses, y así descubrir las potencialidades de desarrollo de sus gentes y su país.
Quello che non c'è
Excitación
El chasquido de tu lengua en mi paladar
Deseas mi pecho y mi nalga desnuda
Mis garfios en tu espalda menuda
Besos de malva en mis besos de ceniza
Labios de pulpa en mis labios de cal
Muerdo el licor de la raíz de tus gemidos
Rumor marino que se eleva al cielo
De tu sangre sobre mis oídos
Me extiendo sobre ti
Te lleva mi oleaje
Transitas por mi torso de huesos
Cierro los ojos y me abrazo a tu voz
Tu rosa se adueña de mis sentidos
Estallo en el centro de tu mente.
La Bicicleta de Plata
Sentados en tierra yerma otrora sabia
oigo a mi espalda naves sirias
deslizarse sobre nuestro ebria quimera.
Tus senos en mis palmas son
palabras de agua, versos de mar.
El crujir de la espuma en arena.
Dejamos la locura sobre la mesa
entre platos a medio roer,
cementerios de brasas susurrantes
y copas manchadas de tintos besos.
Me hundo en ti y me precipito
en el abismo verde de tu iris.
El patio de luces está vacío.
Allí duerme la bicicleta de plata
que sueña en cada muda ventana
el orgasmo que muerde tu boca.
Estatua
Desde tiempos inmemoriales, en aquel olvidado jardín
donde las madreselvas escalan su propia sabiduría,
yace pensativa y lúgubre la figura de arcilla.
Un quejido de triste y viejo viento de posguerra
mudamente la desviste y descascarilla
lamiéndola como el recuerdo de una emoción.
El gemido ulula entorno a la taciturna estatua
y la golpea a hojas secas que caen despacio
como promesas no cumplidas, lastradas de culpa.
El otoño de pecados cruje y se retuerce a sus pies de barro,
y ella lo observa desde lo alto, con ciega pesadumbre,
esgrimiendo una mueca macilenta en su rostro sin nombre.
El chasquido de tu lengua en mi paladar
Deseas mi pecho y mi nalga desnuda
Mis garfios en tu espalda menuda
Besos de malva en mis besos de ceniza
Labios de pulpa en mis labios de cal
Muerdo el licor de la raíz de tus gemidos
Rumor marino que se eleva al cielo
De tu sangre sobre mis oídos
Me extiendo sobre ti
Te lleva mi oleaje
Transitas por mi torso de huesos
Cierro los ojos y me abrazo a tu voz
Tu rosa se adueña de mis sentidos
Estallo en el centro de tu mente.
La Bicicleta de Plata
Sentados en tierra yerma otrora sabia
oigo a mi espalda naves sirias
deslizarse sobre nuestro ebria quimera.
Tus senos en mis palmas son
palabras de agua, versos de mar.
El crujir de la espuma en arena.
Dejamos la locura sobre la mesa
entre platos a medio roer,
cementerios de brasas susurrantes
y copas manchadas de tintos besos.
Me hundo en ti y me precipito
en el abismo verde de tu iris.
El patio de luces está vacío.
Allí duerme la bicicleta de plata
que sueña en cada muda ventana
el orgasmo que muerde tu boca.
Estatua
Desde tiempos inmemoriales, en aquel olvidado jardín
donde las madreselvas escalan su propia sabiduría,
yace pensativa y lúgubre la figura de arcilla.
Un quejido de triste y viejo viento de posguerra
mudamente la desviste y descascarilla
lamiéndola como el recuerdo de una emoción.
El gemido ulula entorno a la taciturna estatua
y la golpea a hojas secas que caen despacio
como promesas no cumplidas, lastradas de culpa.
El otoño de pecados cruje y se retuerce a sus pies de barro,
y ella lo observa desde lo alto, con ciega pesadumbre,
esgrimiendo una mueca macilenta en su rostro sin nombre.
Licores de Santa Caterina
El sujeto-sujeto estaba sentado aburrido y en una silla de madera baja frente a una tienda de las que dan a la parte de atrás del mercado de Santa Caterina, cuando huele. Eran las ocho de la mañana aproximadamente y habiéndome levantado pronto esa mañana-mañana y buscando algún refresco para mi desayuno me encontré con que todas las tiendas estaban cerradas; me fijé en la cara del sujeto-sujeto, quien estaba masturbando un puro, y vi que la tienda que él aguardaba estaba abierta. Y al ver los escaparates llenos-llenos de botellas antiguas con las etiquetas de los precios resecos por la antigüedad y el sol, me dispuse a entrar, tras lo cual el sujeto-sujeto del puro hizo lo mismo detrás de mí.
Qué le trae por aquí joven. Pues mire, quería una botella de coca-cola light. No tengo light, bah, eso no se vende, sólo la toman los niños pequeños - acompañando con su mirada y su cabeza, que en esos momentos estaba ya en mis piernas, pues ese día llevaba puestas unas bermudas de palmeras azul turquesa con fondo blanco, unas deportivas rojo chillón y una camiseta de tirantes pirata de pata de palo.
Pues si no tiene light démela normal, es que la light refresca más que la otra, ¿sabe?, porque no contiene azúcar y el azúcar da más sed. Normal sí que tengo, joven. Se fue detrás del mostrador y al volverse y mirándome fijamente me dijo: a que tú no sabes preparar un potaje, a lo cual repuse, pues claro que sí. Bah, es que los jóvenes de hoy en día no saben cocinar, todo congelao y al microondas. Eso es una mierda de comida. Antes la abuela hacía un potaje en la olla para dar de comer y cenar a toda la familia, y si sobraba, pues para toda la semana. Antes las mujeres hacían bien de comer, no como ahora, que no saben ni hacer un potaje.
En esos momentos no supe qué decir, así que distraje mi mente con las estanterías repletas de botellas de brebajes que no supe adivinar cuánto tiempo podían llevar en la penumbra de la tienda. Sabe, le dije al fin, nunca antes había reparado en esta tienda, a lo que contestó él muy rápido, es que sólo abro por las mañanas, cierro a las dos y media, seguro que siempre pasas por aquí por las tardes, a lo que contesté, pues sí, normalmente hago la compra cuando salgo de trabajar por la tardes.
Ves, continuó él, es que si te tienes que hacer rico, tiene que ser antes de que cumplas los cuarenta, luego ya está uno demasiado cansado para hacerse rico y ya es muy tarde. Yo cierro a las dos y media y, bah, por las tardes no trabajo. Hace bien, así tiene mucho tiempo libre, y entonces él me miró muy de cerca - calvito él - y me sonrió. Es que los jóvenes de hoy día no sabéis cocinar, espetó de nuevo mientras me miraba otra vez de arriba abajo y a la camiseta y a las bermudas y a las zapatillas rojas chillón. Las mujeres sólo quieren dinero, joven, y a partir de los cuarenta si no tienes dinero se te van. No es como antes, que el abuelo se quitaba la gorra y la levantaba y todo el mundo “sí buana”. Bueno tampoco es para tanto, dijo él. Ahora las mujeres se cansan y si no te has hecho rico antes de los cuarenta, te dejan y se van. Yo me separé hace unos años (el hombre debía tener unos 60, con los dientes pelados y amarillos de tanto chuparle al puro) y ahora ya no tengo problemas. Para qué, si una puta te la chupa por treinta euros y llegas a tu casa y no te dan problemas. Haces así, hizo el gesto, apoyándose con el puro, de quién coge la cabeza de una mujer por los pelos y la trae para si, y no te dan problemas…
En ese momento entró un dominicano también joven como yo por la puerta. Hombre, míralo, éste es otro, aspeó una ligera mueca y una risita, éste vive en un quinto sin ascensor, ¿dónde me habías dicho que vivías tú? Yo en un cuarto sin ascensor. Y se rió.
Déme también un agua de 8 litros y me cobra, por favor. Dos ochenta, majo. Ale, encantado de conocerle, le dije, y salí por la puerta y me fui a comprar el pan francés que tanto me gusta al mercado de Santa Caterina y media docena de huevos de corral grandes - que son mis preferidos - y me fui para mi casa pensativo a prepararme el desayuno del sábado-sábado por la mañana-mañana.
Qué le trae por aquí joven. Pues mire, quería una botella de coca-cola light. No tengo light, bah, eso no se vende, sólo la toman los niños pequeños - acompañando con su mirada y su cabeza, que en esos momentos estaba ya en mis piernas, pues ese día llevaba puestas unas bermudas de palmeras azul turquesa con fondo blanco, unas deportivas rojo chillón y una camiseta de tirantes pirata de pata de palo.
Pues si no tiene light démela normal, es que la light refresca más que la otra, ¿sabe?, porque no contiene azúcar y el azúcar da más sed. Normal sí que tengo, joven. Se fue detrás del mostrador y al volverse y mirándome fijamente me dijo: a que tú no sabes preparar un potaje, a lo cual repuse, pues claro que sí. Bah, es que los jóvenes de hoy en día no saben cocinar, todo congelao y al microondas. Eso es una mierda de comida. Antes la abuela hacía un potaje en la olla para dar de comer y cenar a toda la familia, y si sobraba, pues para toda la semana. Antes las mujeres hacían bien de comer, no como ahora, que no saben ni hacer un potaje.
En esos momentos no supe qué decir, así que distraje mi mente con las estanterías repletas de botellas de brebajes que no supe adivinar cuánto tiempo podían llevar en la penumbra de la tienda. Sabe, le dije al fin, nunca antes había reparado en esta tienda, a lo que contestó él muy rápido, es que sólo abro por las mañanas, cierro a las dos y media, seguro que siempre pasas por aquí por las tardes, a lo que contesté, pues sí, normalmente hago la compra cuando salgo de trabajar por la tardes.
Ves, continuó él, es que si te tienes que hacer rico, tiene que ser antes de que cumplas los cuarenta, luego ya está uno demasiado cansado para hacerse rico y ya es muy tarde. Yo cierro a las dos y media y, bah, por las tardes no trabajo. Hace bien, así tiene mucho tiempo libre, y entonces él me miró muy de cerca - calvito él - y me sonrió. Es que los jóvenes de hoy día no sabéis cocinar, espetó de nuevo mientras me miraba otra vez de arriba abajo y a la camiseta y a las bermudas y a las zapatillas rojas chillón. Las mujeres sólo quieren dinero, joven, y a partir de los cuarenta si no tienes dinero se te van. No es como antes, que el abuelo se quitaba la gorra y la levantaba y todo el mundo “sí buana”. Bueno tampoco es para tanto, dijo él. Ahora las mujeres se cansan y si no te has hecho rico antes de los cuarenta, te dejan y se van. Yo me separé hace unos años (el hombre debía tener unos 60, con los dientes pelados y amarillos de tanto chuparle al puro) y ahora ya no tengo problemas. Para qué, si una puta te la chupa por treinta euros y llegas a tu casa y no te dan problemas. Haces así, hizo el gesto, apoyándose con el puro, de quién coge la cabeza de una mujer por los pelos y la trae para si, y no te dan problemas…
En ese momento entró un dominicano también joven como yo por la puerta. Hombre, míralo, éste es otro, aspeó una ligera mueca y una risita, éste vive en un quinto sin ascensor, ¿dónde me habías dicho que vivías tú? Yo en un cuarto sin ascensor. Y se rió.
Déme también un agua de 8 litros y me cobra, por favor. Dos ochenta, majo. Ale, encantado de conocerle, le dije, y salí por la puerta y me fui a comprar el pan francés que tanto me gusta al mercado de Santa Caterina y media docena de huevos de corral grandes - que son mis preferidos - y me fui para mi casa pensativo a prepararme el desayuno del sábado-sábado por la mañana-mañana.
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